Revista El Muro

 

Por: David González

Twitter: @ekpirk21

 

Hay muchos incrédulos, por supuesto, pero no son pocos los que esperan con inquietud o incluso con ansias la llegada del solsticio de invierno de este año, el 21 de diciembre, fecha en que termina el calendario Maya de cuenta larga. Este calendario ha predicho los eclipses de Sol y de Luna con una exactitud que todavía hoy asombra a los astrónomos, pues tiene en cuenta los cambios en la velocidad de rotación de la tierra para determinarlos. Por tanto, aunque no se asocie el final del calendario con un suceso apocalíptico ni se le den connotaciones espirituales, es difícil aceptar que los mayas escogieran de manera aleatoria la fecha en que termina. No hay un consenso al respecto, pero algunos estudiosos del tema creen que el 21 de diciembre de 2012 coincide con el fin de un movimiento completo de precesión de los equinoccios, el cual tiene lugar cada 25.776 años. También se habla de una alineación entre el Sol y el centro de la galaxia —como es normal, las explicaciones científicas despojan estos fenómenos de cualquier viso profético—.

Sea como sea, para quienes no entendemos de astronomía la pregunta importante es si el 21 de diciembre tendrá alguna consecuencia palpable en nuestras vidas. A pesar de los científicos, no faltan quienes creen con firmeza que el calendario maya señala el fin del mundo. Los que tienen esta visión apocalíptica son propensos a la paranoia, y algunos incluso han pagado grandes sumas de dinero por bunkers en los que protegerse. Otra versión, menos del gusto de Hollywood, sostiene que la fecha indica una transformación más sutil, aunque no por eso menos importante. Yo soy de los que creen en esta segunda versión.

De acuerdo con este punto de vista, lo que pasa dentro de cada uno de nosotros es más importante que si suceden o no catástrofes, o que si se desmorona o no la economía mundial. Sin embargo, antes de hablar del cambio interno que en mi opinión está teniendo lugar, me parece importante resaltar que las creencias en las profecías pueden retrasarlo. En efecto, las profecías encantan. La idea de que algo va a pasar y nos va a sacar de la rutina dispara la adrenalina. Y cuando se trata de profecías apocalípticas, la sensación es aún más extrema. Algunos, como ya se vio, se ponen paranoicos, lo que sin duda no ayuda a su crecimiento personal.

Otros, en cambio, se relajan, pues ante la posibilidad del fin los problemas del día a día dejan de parecer tan importantes. ¿Que voy a perder el año? ¿Que me echaron del trabajo? Bueno, qué importa, al fin y al cabo algo extraordinario va a pasar y tal vez el cambio mágicamente traiga consigo nuevas oportunidades o haga que la ausencia de estas sea irrelevante. Esta actitud pasiva e indiferente tampoco ayuda al cambio, pues quien vive así no asume responsabilidad por lo que le sucede. Cuando esperamos a que algo pase estamos diciéndole al universo que nuestra felicidad no depende de nosotros, sino de algo externo sobre lo que no tenemos control; entonces, si eso que esperamos no sucede, nos convertimos en víctimas del mundo. Es como quien pone sus esperanzas en la lotería y al ver que no se la gana vive desilusionado.

 calendario maya 01

Este es el calendario  que, según muchos, anuncia el fin de los tiempos en diciembre de 2012.

Imagen tomada bajo licencia Creative Commons de http://elmiradorimpaciente.blogspot.com/2011_10_01_archive.html

Creo que la época que viene es de cambio, pero de un cambio que necesariamente debe provenir de las decisiones que cada uno tome; es decir, un cambio del que somos responsables. ¿Pero entonces, qué tiene que ver el 2012? Bueno, creo que a medida que aumente la vibración general será más fácil elegir las acciones que vibran en una frecuencia elevada, y será muy difícil mantener aquellos comportamientos densos, que proceden del miedo y que son los que en últimas nos llevan a sufrir. Claro, habrá resistencia a dejar ir lo viejo, habrá tensión, y quizás desde cierto punto de vista parezca que las cosas están empeorando. Pero no será así.

Es como si de repente la ropa se volviera muy pesada. Por una parte, sería más fácil desnudarnos; pero por otra, si alguien tuviera demasiado miedo de su desnudez, sufriría un poco más a causa del peso que ahora debería soportar, hasta que finalmente comprendiera que se trata de una carga inútil.

Eso es el 2012 para mí. Un momento de quiebre en el que naturalmente las cargas, aquellas conductas y creencias basadas en el miedo, comienzan a caer cada vez más rápido porque se vuelven demasiado pesadas como para mantenerlas. Puede la tensión causada por la resistencia a dejarlas ir se vea reflejada en el mundo en la forma de conflicto, pero eso no es lo importante. Lo importante es lo que va sucediendo dentro de cada uno. En uno de los muchos documentales que hay sobre el 2012 hay una frase que resume esto muy bien:

Todos los que esperan que el 21 de diciembre de 2012 suceda algo apocalíptico se van a llevar una gran decepción. No será un evento digno de mención. No pasará nada, porque ya está pasando ahora. Hoy, mientras [lees estas líneas], sucede en el interior de cada uno de nosotros. Es un proceso de alquimia, de descomposición, de dejar ir lo que ha muerto en nuestro interior y de hacer que nazca lo que nos aporta un destino colectivo.

[Tomado de 2012: The Odyssey]

En últimas, no importa si el 2012 es una excusa —cosa que no creo— para enfocarnos en el crecimiento interno, pues ante semejante objetivo lo mejor sería que nos inventáramos cuantas excusas pudiéramos.

Imágen de introducción tomada bajo licencia Creative Commons de http://www.examiner.com/article/sustainable-water-use-mayan-tikal

 

 

Sobre el autor Ver Más artículos de este autor Página del autor

mm

Revista El Muro

Deja un comentario