Revista El Muro

 

 

Por: Carlos Barbosa

 

¿Es indispensable tener una “media naranja” para ser feliz? Si me lo preguntaban, normalmente contestaba que no veía por qué. Sin embargo, en el fondo sabía que me lo exigía a mí mismo. Mi pregunta era entonces cómo encontrarla, sobre todo después de intentarlo infructuosamente varias veces. Me cuestionaba por qué no lo lograba, por qué a pesar de mi empeño no conseguía construir una relación duradera a pesar de que, a mi juicio, estaba haciendo las cosas bien. Y así fue hasta que un día mis ideas al respecto sufrieron un gran remezón.

Ese día fui a la conferencia de un monje zen llamado Claude Anshin Thomas, quien estaba de visita por Colombia. Su auditorio estaba preparado para oírlo hablar sobre adicciones. Pero para él la adicción no es otra cosa que estar aferrado tan fuertemente a un objeto, hábito o idea, que incluso aunque nos produzca un gran sufrimiento no podemos soltarle. Anshin se refería a ese aferramiento a través de la descripción budista del infierno de los pilares ardientes: Imagina que ves a la distancia el objeto de tu deseo; naturalmente, corres a él pero, cuando lo abrazas, se convierte en un pilar ardiente que te quema a gran velocidad, causándote un dolor inimaginable. Cuando el fuego está por consumir hasta la médula de tus huesos, una suave brisa llega y te restaura por completo. De repente, vuelves a ver a la distancia el objeto de tu deseo… Ese es el ciclo de la adicción, el trágico ciclo del apego.

 

 

soledad1

ya somos felicidad, ya es posible.

Ahí logré ver que mi deseo de tener una pareja se había vuelto una obsesión. Tenía la idea en la cabeza desde hace mucho tiempo y, sin darme cuenta, esa idea se había convertido en una exigencia que le hacía a la vida, una exigencia sin la cual no aceptaría ser feliz. Quizá no estaba haciendo las cosas tan bien como suponía: mi obsesión no me permitía ver en cada pareja nueva más que un sueño logrado, y no a la persona real. Cuando cobré conciencia de todo ello, tuve la oportunidad de entender que sí podía ser feliz sin necesidad de tener mi “media naranja”. La felicidad no aparecía ya como una posibilidad que solo podía ganar si encontraba la persona ideal, o el trabajo perfecto, o lo que sea que uno quiera obtener. Por el contrario, ya somos felicidad, ya es posible. El punto entonces no es cómo alcanzarla, sino cómo entrar en contacto con la profundidad de nuestra propia vida, cómo sintonizarnos con el presente. Y, desde luego, cómo soltar las amarras que a la distancia nos mantienen en el infierno de los pilares ardientes (cabe decir que en el budismo zen, cada reino de la existencia no es un lugar físico, sino un estado de la conciencia que depende de nuestras acciones).

En la medida en que uno sea libre de la ansiedad por encontrar una pareja, muchas posibilidades de satisfacción y dicha se abren en el presente, posibilidades que hallamos por sorpresa e incluso en las cosas más sencillas. Pero si acaso hay alguna persona allí afuera que es para nosotros, la mejor manera de recibirla es no haberla ansiado, pues si no la ansiamos estamos mejor preparados para aceptar y disfrutar la experiencia única que ella es.

Imágenes tomadas de:

http://www.foto-gratis.es/photos/0-0/2008-07-15/Img01122008100415117450.jpg

http://www.foto-gratis.es/photos/0-0/2007-03-23/Img01122008102328744080.jpg

 

Sobre el autor Ver Más artículos de este autor Página del autor

mm

Revista El Muro

Deja un comentario