Revista El Muro

Por: Mauricio Moreno

 @mauromoreno83

Desde que empezamos la sección de Blogs, he tenido en la cabeza escribir sobre tauromaquia. Sin embargo, empezamos tarde, ya había terminado la temporada y pues… ya tu sabes. Pero esta mañana vi un video de Eugenio Derbez tildado de “polémico” en una revista que se llama igualito que nosotros, pero en México (así que hasta allá llegó la idea de la franquicia, pero eso se los contaré en otro desparche.).

 El Muro cuate (ellos) es de animalistas. El Muro parcero (nosotros) apoya el animalismo. Así que les recomiendo que les peguen una visita. Dejando el desvarío, allí encontré el video en el que Derbez simplemente dice que no hay nada de artístico en maltratar a un animal, recordando que solo 8 países del mundo sostienen esta “tradición” que nos viene de España y no es autóctona. Acá el video

No voy a entrar en el debate de por qué es buena o mala la tauromaquia. De plano, en mi opinión, es mala, perversa… no encuentro razón para maltratar a otro ser vivo así. Literalmente, no mato una mosca en mi casa. No me creo tanto como para decidir conscientemente sobre la vida de otro ser. Mejor dicho, si supiera como me alimentaba de Prana para no dañar ni a las maticas. Y esta posición seguramente viciará mi análisis pseudocientífico de la situación, pero tampoco es que me importe mucho.

Entiendo el argumento que subyace para no horrorizarse con la tauromaquia: el toro es un animal, no piensa, no siente y no tiene emociones o sentimientos, de lo contrario los expresaría. Pero como no entendemos su lenguaje, no los expresa y podemos hacerle lo que queramos. Siguiendo el mismo argumento, yo no tengo evidencia del pensamiento de los demás, puedo suponer que sus actos son imaginaciones mías… según el mismo argumento, los taurinos no piensan (échale cabeza y si no te da la cabeza, lee a Descartes). Y si alguien dice que es cultura… podemos revivir una religión que haga sacrificios humanos y pega exactamente el mismo argumento. ¡A ver qué nos dicen!

La tauromaquia viene de un instinto animal saboteado por la sociedad: la necesidad de sentirnos fuertes, poderosos, proveedores, esto con la finalidad de encontrar una pareja sexual para reproducirnos. A eso, se suman ciertas ideas de desempoderamiento con las que nos criaron y que depende de nosotros cambiar, tales como que somos débiles, no somos lo suficientemente buenos, bonitos, etc… todo lo que la sociedad nos aporta para juzgarnos. Particularmente, creo que influye mucho en el amor por la tauromaquia la falta de fuerza, de poder… de algo deseable por el sexo opuesto, de una cosa parecida a lo que los psicoanalistas llaman falo. A esto lo llamo microfalia. No se confundan, no es que los que odian a los toros tengan el pipi chiquito, sino que tienen microfalia.

Todos los seres humanos sufrimos de eso aunque sea un poquito, queremos tener poder, fuerza… algo que nos haga elegibles. Yo, en lo personal, creo que una ballesta me serviría para ese fin (aunque no es indispensable) y la verdad me fue bien. Hay quienes necesitan camionetas, pistolas, tener casas en la montaña, dirigir países… todo tipo de símbolos de poder. Algunos expresan ese poder de manera mucho más física, en el caso del torero, su microfalia se hace evidente con el traje de luces mientras mata a un toro a sangre fría.  La manía de asesinar animales, entonces, le llega al torero de esa falta de poder físico que le exige demostrarlo enfrentándose a un ser que generalmente es de naturaleza dulce… a menos que se le agarren las pelotas y apuñale traperamente con la intención del espectáculo.

Imagen via Elmuro.org.mx

Y la microfalia no es sólo de tener el poder, sino de mostrarlo, y se hacen fiestas y reuniones pensadas para eso. Por ejemplo, se expresa con el mismo hecho de ir a toros. Primero, porque celebrar una costumbre que no es nuestra se toma como una forma de poder, y por eso a toros no va sino la “crema de la crema”, al menos en Colombia. Así, en una corrida de toros todos van a exhibir sus pequeños falos para mostrarlos como grandes, para mostrar poder y ser mejores que los demás. Y por eso, entre más vayas a toros, más muestras ese falo. Y si te ovacionan en toros, es porque tu hambre de poder revela una traumática microfalia heredada de tradiciones y valores de desempoderamiento que te obligan a intentar mostrarte como el “putas boy de la pradera”, y que has tenido éxito al hacerlo.

Tengo entendido que es un mecanismo similar al que opera en quienes le pegan a su pareja o abusan de menores (les debo la cita). Nada tiene que ver el status social o la tendencia sexual, sino que es un afán de demostrar poder, la habilidad para dominar al otro, de mostrarte más fuerte y poderoso. Es como hacer una misa en Latín para que nadie entienda, pero puedes hacerlo, aunque resulte humillante para los demás, y de hecho porque resulta humillante para los demás. Es lo mismo que pasa a los narcos, puede que ya tengan plata, peor necesitan tener más y mostrarla para sentirse poderosos.

Espero haber aportado al avance de la ciencia sobre la enfermedad mental de los taurinos.

En serio, esa gente debería leer nuestra sección “aprende a volar” o ir a un coach o hacer cualquiera de esas vainas (yo les puedo recomendar a alguien que logró que pasara de necesitar una carrera política a simplemente querer una ballesta para decorar, aunque sea opcional), siempre que eso los vuelva más hippies, menos agresivos, los calme y los ayude a aceptar su pequeño falo sin necesidad de saciar con el sufrimiento de toros, niños y hasta naciones enteras su hambre de poder.

Ve, y pásense por el muro cuate, está lindo! www.elmuro.mx

Imagen y video reproducidos desde elmuro.mx. No reclamamos ningún tipo de derecho sobre los mismos.

Las opiniones acá expresadas sólo competen a su autor y en ninguna medida a la Revista EL Muro

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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