Revista El Muro

 

Siempre le huyo a los planes familiares, pero heme ahí, haciendo fila junto a la familia de mi esposa,  para ver “Monsters University”.  Las películas animadas –las gringas, quiero decir- suelen apelar a sensiblerías obvias para causar en los espectadores sonrisas, miradas condescendientes y, en uno que otro caso, lágrimas. Algo que todos necesitamos de vez en cuando, una dosis de irrealidad y, por qué no decirlo, de autocomplacencia que por alguna razón nos deja con un buen sabor de boca y, aunque sea por unas horas, nos reconcilia con la vida y hasta nos devuelve la fe.  Por supuesto, este filme, una precuela que nos cuenta la historia de cómo Mike y Sulley se conocen en la universidad de monstruos, no es la excepción.

Inicia con un Mike muy joven que en cuanto aparece en pantalla genera los consabidos “awwwww”, de todos los presentes. Yo no caí en aquella trampa, pero por muy poco, y no pude evitar sonreír como un idiota ante la imagen de aquel redondo cíclope, al que de algún modo lograron darle aspecto infantil. Sí, es un comienzo cliché y rayano en lo cursi, pero para eso estábamos en esa sala, era exactamente lo que se esperaba, y las miradas complacidas de los niños que me acompañaban fueron la confirmación de mis palabras. Pero no nos desviemos del tema.

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Infortunadamente, la película cuenta una historia que ya nos han contado decenas de veces: La de las fraternidades, esos grupitos universitarios tan excluyentes, tan ajenos a nosotros los colombianos, pero que nos resultan tan familiares gracias a la industria hollywoodense. En una esquina está la fraternidad de los “niños bien”, a la que todos quieren pertenecer y en la que se dan el lujo de rechazar a casi todo el que se postula; en la otra esquina encontramos a los excluidos, los “raritos” y los nerds, siempre tan extraños, siempre tan entrañables; si se mira con detenimiento es una pequeña muestra de la vida real. Las dos fraternidades tienen un mismo objetivo, objetivo que no voy a contar para no dañarle la sorpresa a los que no la hayan visto, pero creo que es muy fácil adivinar cuál de los dos grupos termina ganando, enseñándonos una “valiosa lección de vida” y dejándonos el buen sabor de boca que mencioné antes.

Ahora bien, aunque la historia de estos tiernos y bien dibujados monstruos pierde bastante en originalidad, hay que decir que “Monsters University” es mucho más cómica que la película del 2001, tiene más y mejores personajes, un final impredecible y seguramente superará fácilmente los 562 millones de dólares en taquilla que logró en su momento “Monsters Inc.”. Aunque la contundencia de su mensaje no le llega a los talones a, por ejemplo, “Wall-e” y su guión no es ni de lejos igual de bueno a, por ejemplo, la afamada “Buscando a Nemo”, la película se deja ver, es muy divertida y constituye una excelente opción a la hora de mostrarle a los más pequeños el valor de la amistad y la fuerza inherente en el hecho de ser diferente a los demás, cosas que casi nunca funcionan en la vida real, pero en las que, admitámoslo, necesitamos creer.

IMAGEN TOMADA DE WWW.SHAW.SG

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