Revista El Muro

 

Por: Ángela Peña

@Atalazul33

 

No sé de qué otra manera iniciar este escrito, dado que cada vez que en mi corazón aparece la tristeza, es en ella en lo que me refugio. Y más que ser un paño de lágrimas, es la mejor manera que encuentro de despejar mi mente, de resignificar eventos, percepciones, razones. Mi momento con la música es siempre, porque todo suena, aunque no todo resuene. Desde que abro los ojos en la mañana escucho sonidos diferentes.

¿Qué es musicoterapia? Es un proceso de intervención donde el terapeuta ayuda al usuario a alcanzar un estado de bienestar a través de experiencias musicales y las relaciones que se establecen a partir de las mismas, como lo dice Keneth Bruscia, uno de los precursores de la musicoterapia en el mundo.  En la musicoterapia se aprovechan elementos como el ritmo, la armonía, la melodía y hasta el uso del cuerpo a partir de todos estos elementos.

La música ha acompañado a la humanidad desde la era de piedra, en la que estaba vinculada fundamentalmente a ritos religiosos y de curación. Desde ese entonces, se ha transformado la percepción que se tiene sobre la música, desde solo una manera de hacer arte hasta la intensión última de la musicoterapia: “sanar”.

El musicoterapeuta ha de tener los conocimientos necesarios para saber qué métodos utilizar en las sesiones, teniendo como base información sobre los consultantes (¿cuál es su música favorita? ¿Qué instrumentos prefiere? ¿Qué sonidos le disgustan y qué sonidos le gustan?), y realizar todo el proceso según el tiempo de cada uno. Los métodos utilizados son la recreación de canciones (generalmente aquellas que son o han sido significativas para el usuario), la composición (con apoyo del musicoterapeuta), y la improvisación vocal o con instrumentos.

 

El vínculo emocional entre la música y las personas es fundamental para la sanación.

 

Cabría preguntarse: ¿es necesario tener conocimientos en música para lograr acceder a proceso musicoterapéutico? Pues no, ya que todos los seres humanos somos musicales, de hecho, escuchamos aún desde que estábamos en el vientre de mamá, tenemos la percepción del sonido desde ese entonces.

Las problemáticas que se trabajan desde musicoterapia van desde adicciones, dificultades de aprendizaje, déficit cognitivo o accidentes cardiovasculares, hasta depresión y anorexia. De igual forma, se desarrollan sesiones a nivel grupal o individual, por lo tanto se logra trabajar muy bien en comunidades, empresas, fundaciones, etc.

 Los beneficios de la musicoterapia son muchos, por ejemplo, favorece el equilibrio emocional y por ende trae consecuencias positivas en el aspecto físico; enriquece las experiencias perceptivas, intelectuales y corporales, mejora la capacidad de concentración, atención y ayuda a incrementar la memoria; también mejora la comunicación verbal y  no verbal.

Además, en un sentido general, permite ver las situaciones de la vida de manera diferente, permite alejarse por un instante de las situaciones conflictivas y darles un significado distinto. También ayuda a que los usuarios reconozcan sus habilidades, aptitudes y cualidades, con lo que se puede elevar la autoestima y mejorar las relaciones con otras personas.

Cada guarda en su corazón aquello queda movimiento y alegría a su vida, y la musicoterapia da herramientas para descubrirlo.  Como cualquier terapia, no es la solución definitiva, es más bien un instrumento. Particularmente y a título personal, la musicoterapia me ha permitido seguir en el camino del autoconocimiento desde una de las cosas que más me gusta hacer en la vida: CANTAR.

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