Revista El Muro

Por: Eduardo Otálora Marulanda

Si existen un par de preguntas viejas y trilladas, esas son “¿quién soy?” y, por supuesto, su pluralización “¿quiénes somos?” Preguntas de larga y, comúnmente, aburrida discusión. Preguntas que perduran en el tiempo porque siempre aparece un nuevo incauto pensador que las pone en juego e intenta responderlas. En el caso de Naranja/Azul, obra escrita en el 2000 por el dramaturgo inglés Joe Penhall y el más reciente montaje teatral del grupo R101, no presenciamos respuestas a estas preguntas, más bien las transitamos tomados de la mano de otro de los grandes asuntos de la humanidad: el significado de las palabras. Y es que no hay acercamiento más peligroso a la identidad que el que asume quien se centra en el significado de las palabras, porque las palabras son tremendamente peligrosas en su ingenuidad. Esto no quiere decir que haya alguna manera de usarlas bien. Justamente de eso nos habla Naranja/Azul, de las ambigüedades, las ambivalencias y anfibologías en que habitan nuestras palabras. Todo esto porque el mundo y el lenguaje siempre están sometidos al filtro de la interpretación. Interpretar a las personas, de eso nos habla Naranja/Azul, de interpretar personas y de la necesidad de asignarles una palabra, un nombre, quizás porque nos parece la única manera de soportar las fluctuaciones de la vida. Pero la obra va más allá, porque pone en juego que, luego de visitar el terreno seguro de los nombres, es muy sencillo perderse en los pantanos de la interpretación, donde las valoraciones dejan de ser semánticas y pronto se convierten en morales.

 

Ahora bien, lo más impactante de Naranja/Azul es cómo pone todos estos asuntos en boca de tres maravillosos personajes: uno que se nos presenta como especialista  encargado, otro que aparece como el enfermo que necesita ayuda y un tercero que es el jefe del especialista y un experto en el caso del enfermo. Ellos tres ponen en juego las tres palabras que son eje de la obra: “locura”, “cordura” y “humanidad”, palabras pesadas que nos recuerdan esas largas conversaciones entre el doctor Andrei Efímich y el paciente Iván Dimitrich en La sala número seis, de Anton Chejov, conversaciones en que se visitan constantemente los límites entre la locura y la cordura, intentando mostrarnos que la condición humana habita, por naturaleza, ese lugar limítrofe. Algo semejante propone Naranja/Azul, sin que se intente definir nada sobre el significado de esas palabras, más bien dejando que el espectador se divierta a carcajadas mientras se sumerge en esas turbulentas aguas. Porque hay que decirlo, esta es una obra tremendamente entretenida, pese a la profundidad de los asuntos que trata. Y esto se debe, en gran medida, a las inmensas actuaciones de Felipe Botero, Ramses Ramos y Hernán Méndez, quienes se juegan el alma en la construcción de sus personajes y navegan en el espacio con la incomodidad propia de actores que interpretan a quienes no saben quiénes son, todo esto dirigido por la acertada mirada de Hernando Parra.

Naranja/Azul es un montaje que no se debe perder ningún amante del teatro que esté dispuesto a que la risa le haga explotar las neuronas.

La obra estará en temporada hasta el 26 de octubre en el teatro R101 (Calle 70A No 11 – 29) a las 8:00 pm. Les recomiendo reservar con anticipación porque las boletas se acaban pronto y en cada función la sala se llena. Para hacerlo, pueden llamar a los teléfonos 3 13 22 49 /(310) 2 33 52 43.

 

Imagen central tomada del evento en facebook de Naranja/Azul: https://www.facebook.com/events/191048821069528/?fref=ts

 

 Eduardo Otálora es un escritor invitado a la Revista

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