Revista El Muro

 

 Por Juan Ramón Vera Rodríguez

@JRverarodriguez

 De título original Fear Nothing, la novela es una muestra arrolladora del horror que surge de la combinación entre ambición y ciencia. O mejor, estupidez y ciencia. Tal vez, la estupidez generada por la ambición, al buscar la cima del conocimiento mediante la ciencia. En fin, cualquier mezcla que se quiera.

En esta ocasión, investigadores de la ingeniería genética desatan un mal silencioso en Moonlight Bay. Animales de comportamientos extraños (más que extraños, extraordinarios) y humanos de conducta trastocada, pululan en la oscuridad de la pacífica ciudad costera, fraguando un apocalipsis y un nuevo comienzo, productos involuntarios de una conspiración que al parecer es entramada por altas esferas del gobierno estadounidense, que incluye extraños y secretos experimentos en el fuerte militar Wyvern. Christopher Snow, quien es el narrador, se ve involucrado accidentalmente en aquella pesadilla.

 

Snow visita una noche a su padre agonizante. No puede acompañarlo durante el día porque sufre una extraña enfermedad que sólo le permite salir de noche. Al iniciar la noche en la que se desarrolla la historia, ve morir a su padre, de lo que al parecer, es un cáncer. Por un detalle que había olvidado, de esos que se vuelven relevantes durante la muerte de un ser querido, Snow se ve obligado a seguir por las instalaciones del hospital a los que llevan el cuerpo de su padre al horno crematorio. Pero antes de presentarse ante aquellas personas, se da cuenta que el cuerpo de su padre es cambiado por el de un vagabundo, al que le han sacado los ojos. Al seguir la pista, se da cuenta que los encargados de la cremación hacen parte de alguna rara organización. Va a casa por su perro, Orson, quién lo acompaña y protege en aquella noche en la que Moonlight bay se ve trastornada, que además deja claro que no es una mascota cualquiera. En su aventura, también se ve involucrado su amigo de infancia, Bobby Halloway, un surfista que vive al estilo Hakuna-matata y su novia Sasha, directora de la estación de radio K-Bay.

La recomiendo, por embaucadora, por lo profunda, por la sensibilidad que tiene el protagonista hacia toda forma de vida, por el amor a los animales, por su entereza ante las verdades que se ve obligado a conocer, porque hace preguntarse al lector: ¿Qué haría yo?

 

Imagen central tomada desde mercadolibre.com.ar

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