Revista El Muro

Por: Alvaro Vanegas

@alvaroescribe

Hay una especie de síndrome, a falta de una palabra mejor, que debemos enfrentar todos aquellos que decidimos dedicarnos a alguna rama del arte. Por mi parte, todo el tiempo me están preguntando cosas como: ¿Y además de escribir, qué haces? Muchas veces con buenas intenciones, tal vez para algún trabajo, pero casi siempre con toda la sorna que implica el subtexto obvio: “Escribir no es un trabajo, es un hobby, como mucho”.

 

En el segundo caso, tengo que tragarme la indignación y contestar cualquier cosa. “Dicto talleres y existo, más que todo”. O alguna respuesta por el estilo. Igual, es lo de menos. Las cosas son como son y la gente que cree que la música, la actuación o la escritura no son más que pasatiempos, existirá siempre. Estoy dispuesto a aceptarlo.

 

Lo que no puedo creer es que crean que porque me dedico a escribir, tengo todo el tiempo del mundo, y que además, no necesito comer o pagar arriendo.

Últimamente me he topado con muchas revistas digitales que están dispuestas a publicar mis pendejadas, y aunque la mayoría de ellas me lo dejan claro desde el principio, “No tenemos presupuesto”, esta frase siempre viene de un “pero”, y a continuación, lo que me pueden dar como retribución. Yo, que sigo siendo un escritor desconocido, suelo aceptar, básicamente porque no estoy en posición de rechazar ningún espacio para mis letras y porque sé, tengo la absoluta certeza, de que eventualmente, alguien me pagará como se supone que debe ser, con dinero, contante y sonante. Pero mientras tanto, hago lo mejor que puedo y saco todo el provecho posible a que poco a poco los lectores me conozcan.

Hasta ahí todo va bien, nada de eso me da de comer, pero va sumando. No obstante, está la otra cara de la moneda.

 

Precisamente por aquello de que por fin lo que vengo haciendo hace años empieza a dar frutos y la gente parece “creerme” que soy escritor, muchos se me acercan para pedirme que lea sus escritos y les dé mi opinión. Yo, que sé cómo es eso, siempre accedo y leo y opino con todo el ahínco y el respeto que se merecen. A veces, me hacen preguntas sobre gramática, narrativa o redacción y, siempre que no me corchen —algo que sucede más seguido de lo que estoy dispuesto a aceptar— contesto lo más rápido que me sea posible. No obstante, están aquellos que creen que porque siempre sonrío y suelo estar abierto a lo que los demás necesiten, imaginan que soy una especie de portal web gratuito. No, no lo soy.

 

Hace poco me llegó este mensaje: (…) Te solicito esta aclaraciòn y la agradezco, Què es la situaciòn causa y efecto. Como es la causa sola y como el efecto solo, Agradezco  la colaboraciòn sobre el tema CAUSA Y EFECTO. Cuándo es la causa sola y el efecto solo. Y por favor unos dos ejemplos de esta causa  sola y el efecto solo  y luego ya en conjunto. (…)

Aparte del remitente, el saludo inicial y las “disculpas por la molestia” finales, no le quité ni le puse nada, ni le corregí puntuación ni ortografía, llegó así, como lo leen.

 

 

No sé a ustedes, pero a mí me pareció una petición abusiva. Esta persona no se limitó a enviarme un texto para que le diera mi opinión, algo que siempre me hace sentir bien; o a preguntarme algo puntual. No, esta persona pretende que le dé una clase por la que cobraría, totalmente gratis, quiere que le de definiciones claras y me siente a pensar en ejemplos para que las entienda. Lo único que le faltó fue escribirme algo como: “Tengo que escribir un cuento para mañana, te agradezco me envíes uno… y que pena por la molestia”.  Les cuento que yo también necesito dinero y que también tengo cosas que hacer, entre otras cosas, escribir para dos revistas, responderle a la editorial con todo lo que me pide para promoción de mi nombre, completar la tercera versión de un guión, hacer corrección de estilo para un libro de cuentos en el que también va a haber un cuento mío y escribir este blog. Pero como nada de esto me da —aún— para comer, entonces tengo que conseguir para eso y otras pendejadas sin importancia, como vestirme, pagar arriendo y servicios y divertirme de vez en cuando.

 

Tal vez lo parezca, pero escribir no es sencillo. Si no me creen, los invito a que lo intenten. Enfréntense a una hoja en blanco para contar una historia que, hasta ese momento, solo existe en su cabeza y podrán entender a qué me refiero, es, cuando menos, intimidante, y algunas veces es francamente aterrador.

 

Termino con lo que, por idiota, no me atreví a contestarle al autor del correo electrónico: No hombre, usted me cae bien, y mucho, pero no me joda.

 

Imagen central tomada de http://www.keepcalm-o-matic.co.uk/p/keep-calm-y-no-me-joda-3/

 

 

 

 

Sobre el autor Ver Más artículos de este autor Página del autor

mm

Revista El Muro

Deja un comentario