Revista El Muro

Eso que usted considera “coquetería” o una demostración de testosterona no es más que acoso callejero y violencia sexual.

Nota del editor: Hoy, día internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres, decidí compartir, con su autorización, la cruda reflexión de Natalia Silva Ramón sobre el acoso callejero, otra forma de violencia, tal vez menos visible, pero igual de dañina. En efecto, eso que usted considera un acto “sin víctimas” y de “coquetería” al decir una barbaridad en la calle a una transeúnte no es una forma de “levante y conquista”, sino una forma de violencia de género. Cedo, por eso, una vez más el espacio de mi blog en la revista, tal vez el único realmente personal, a la gran pluma de Silva.

No lo diluyo y no corregí más que alguna coma que se escapó u una tilde que pasó de agache. El original lo encuentran en http://postresdenata.tumblr.com/post/153594936926/oiga-usted-macho-cabr%C3%ADo

Por: Natalia Silva Ramón

@lasilvaramón

Me indigna. Me emputa. Me moleta. Por qué tengo que aguantarme sus miradas lascivas, su puta testosterona descontrolada, su intento de hacer que yo le ponga atención por medio de eso que yo, en cambio, considero tan descortés, tan guarro, tan hijueputa. Me jartan sus “-rica-“ al oído o de lejos, me indigna que trate de acercarse para demostrarme su hombría torciendo el hocico para decirme cualquier guarrada o producir una onomatopeya sexual. No entiendo. No logro entenderlo. ¿De verdad alguna vez en la vida, alguno de ustedes, machos cabríos de la especie humana, se ha “levantado” alguna mujer después de decirle una cosa de esas en la calle (o en el bar, o en el centro comercial)? ¿Qué carajos sienten? ¿Cuál es el objetivo? Imagino que es el rastro más animal de su carácter, su parte más próxima a la animalidad que el impulsa a hacer esto ¿y luego qué? ¿Se pajea pensando en la dulce dama que caminaba tranquila mientras usted hizo alarde de su hombría lanzando hacia ella improperios sexuales? ¿Qué somos para usted? ¿Coños ambulantes? ¿Objetos deliciosos para tomar y abastecerse? ¿Qué hijueputas piensan? … ¡Ay! ¿Estoy siendo muy grosera?… ¡Disculpe! ¡Yo debería ser una dama, mientras usted, imbécil de mi misma especie, puede decir toda suerte de invenciones de tono sexual ante mi feminidad! Excúseme. Excúseme porque por tipos como usted odie durante años esta condición mía: la vulnerabilidad, la cosificación, la mierda social con la que tiene que cargar el género femenino.

nsr

Natalia SIlva Ramón. Imagen tomada de su TUMBLR

Me jarta. Me emputa. Me desespera. ¿Por qué hijueputas no puedo ponerme un vestido sin que eso me implique sentirme más vulnerable? Sí, ante usted, USTED, macho cabrío. Me da miedo, huyo de sus miradas, los identifico en sus nichos de hombría (sus obras de construcción, sus reuniones borrachas, sus tardes de fútbol aguardientero), prefiero escabullirme, rodear, irme lejos, no pasar jamás cerca de más de dos de ustedes que estén sentados en una acera. ¿Usted cree que esto es libertad? Les tengo miedo. Y les tengo más miedo aún si por casualidad tengo una falda, o una blusa ligera. Es como si la ropa vaporosa los invitara a invadirme no sólo con la palabra sino con el acto ¿Y entonces que hacen ustedes, cabríos de tierra fría asentados en altiplanicie, cuando van a una playa o a una tierra cálida? ¿Cogerles el culo a todas? ¿Ese es su sueño, su triunfo?

Mire, machito cabrío, cuando usted trata de agarrarme por la cintura, o se atreve a agarrarme las nalgas o a rozarme su miembro, lo único que está logrando en mí es un absoluto desprecio ante su persona, ante su falta de dominio, ante su pobre humanidad deprimente y desolada. Me genera indignación. Me viola el espacio. Me insulta y a la vez sólo demuestra cuán primitivo, bárbaro y estúpido es usted. Sí, USTED, Machito cabrío; espécimen involucionado de esta triste raza humana, usted que parece no tener madre, abuela, tías, hermanas, hijas ni mujer alguna a la que respete. ¿A lo bien, aún con su hija en brazos se atreve a decirme sus asquerosidades? ¡Eso es no tener dos dedos de inteligencia y sí mucho de testosterona dominante! … ¡Ah, claro! ¡Eso es lo que usted quiere demostrarme! ¡Su máxima hombría y su derroche de masculinidad que ni a mí ni a ninguna mujer le interesa. Bien puede guardarse sus demostraciones de masculinidad para su pareja (en el hipotético caso de que la tenga), pero con protección y cariño, no  con golpes, imbécil. Haga lo que se le dé la regalada gana con sus hormonas descontroladas pero a mí (ni a ninguna de nosotras) no me joda, NO ME JODA. Déjeme caminar en paz, déjeme sonreír en paz, déjeme bailar, soñar, construir, vivir, ponerme las faldas que se me de la hijueputa gana. ¡No me joda, en serio, NO ME JODA!

tumblr_inline_oh51u33ohb1ruxtl1_400

Imagen desde el TUMBLR de la autora.

Si de verdad le parezco “rica”, “deliciosa”, “mamacita”; admíreme en silencio como cuando adora una obra de arte, una increíble película, un paisaje único, una canción sublime. Pero seguro de eso usted no tiene ni idea. De seguro si usted supiera admirar la belleza que produce la vida misma o el ingenio humano no tendría la menor necesidad de manifestar su hombría acosándome, tomándome por la fuerza o generando ruiditos salvajes que, le juro, no dan cuenta de lo macho que es sino de lo absolutamente atrás que está usted aún en la evolución del cerebro humano.

Una mujer que es todas las mujeres.

Natalia Silva Ramón

Bogotá, 24 de noviembre de 2016

Texto recomendado: El Amor no es dolor

 

Guardar

Sobre el autor Ver Más artículos de este autor Página del autor

mm

Revista El Muro

una opinión¿quieres decir algo al respecto?

Deja un comentario