Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

@mauromoreno83

Los Olivos es un barrio que queda en la localidad de Chapinero de Bogotá, en lo más alto de la ciudad. Antes se podían observar sus casitas de colores desde la carrera séptima allí, enclavadas en la montaña. Hoy en día no se pueden ver, pues varios edificios obstruyen la visibilidad no sólo sobre este barrio, Alfonso López y Nueva Granada, sino también sobre el cerro que es de los Bogotanos. La historia del mantenimiento y del arraigo de los barrios, además, se cruzó con la del mantenimiento y recuperación de las quebradas vecinas: Las Delicias y Los Olivos. Caminamos por allí con amigos nuevos y conocimos otros que luego les presentaremos. Pero además,  trajimos de vuelta la historia de la tenacidad con la que la comunidad se ha resistido a la pérdida de sus raíces y al acoso de quienes quieren que vendan sus tierras para construir moles de cemento que darían vista a unos cuantos, y nos quitarían al resto nuestros cerros.

La historia del barrio los olivos empezó en los años 70, cuando varias personas ocuparon los lotes de la falda de la montaña aledaños a la quebrada. Entre ellos se encontraba doña Martha Patricia Melo, conocida en el barrio como Doña Tormentas por su carácter fuerte  y alegre, y por su permanente, terca y tozuda protección de su territorio. En ese momento, el CINEP defendió el territorio invadido de los intentos de desalojo de la policía. Pero las cosas han sido más fuertes desde el 91, cuando una mujer aseguró que la tierra era suya, mientras que la comunidad asegura que eso es falso. Además, presión porque sus casas estaban en zona de riesgo por la cercanía de la quebrada los Olivos. A su favor, está la legalización del barrio que se llevó a cabo durante la Alcaldía de Mockus, en la que la comunidad sintió que lo que construyeron pasó a manos del Distrito, pero prefirieron entregarlo y tener sus escrituras. Estos papeles, para los dueños supuestos del suelo, no tienen valor. Sin embargo, la comunidad conoce la vía jurídica y saben cómo defenderse para no perder los terrenos que han ocupado durante más de 40 años.

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“Doña Tormentas”

El origen de las presiones para irse no es realmente porque exista riesgo en el sector, sino que hay varias constructoras tras los predios. Pero Doña Tormentas no se irá. Es su barrio y aguanta el asedio permanente, pero no abandona la vida que ha construido en su montaña junto a su quebrada. Y los acosan: tienen que aguantar la pérdida del paisaje, pues ya no pueden ver las montañas en las que viven. También, según  Doña  Tormentas, tuvo que aguantar que la Junta de Acción Comunal los traicionara por dinero y apoyara la venta de los predios. Además, tienen que ver las casas derruidas de los vecinos que han elegido vender, ejerciéndose una violencia simbólica por parte de las constructoras Cusezar y Sierras del Este (que están interesadas en comprar el sector) que no se toman la molestia de levantar los escombros, sino que los dejan allí danto un aspecto y una sensación de terreno muerto, destruido en el que se ve que alguna vez hubo una casa.  Además, Doña Tormenta asegura que ha tenido que limpiar excrementos de su puerta, o encontrar e incluso han encontrado pegamento en las chapas de sus puertas, lo que impide que las puedan abrir. Pero no se va, no pierde su quebrada, la que ha ayudado a cuidar durante décadas.

Doña Tormentas es parte de la comunidad que ha guardado la quebrada. El ojo desnudo ve que la Quebrada los Olivos está más cerca de las moles de cemento que de las casitas que llevan décadas allí, poniendo en cuestión el argumento del riesgo. Así mismo, hay basuras del lado de los edificios contaminando la quebrada, mientras que al lado del estrato 1 no hay más que pasto y maticas. Desplazarlos es una forma de eliminar a los guardianes de la fuente hídrica y borrar la memoria y el arraigo de los pobladores. Claramente, se ve una guerra de desgaste en contra de la comunidad para que venda. Aunque los nuevos vecinos tengan derecho al disfrute de Las Delicias y Los Olivos, no tienen apropiación ni cariño por la quebrada, por eso pueden visitarla como nosotros, pero no vivir allí si no van a ser guardianes de la montaña.

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Este es el panorama con el que deben convivir los vecinos de Los Olivos

Pero los Olivos no es el único barrio que tiene el problema de las constructoras. Alfonso López, Juan XXIII y Nueva Granada también están viendo cómo sus barrios son consumidos por edificios en las calles que han construido durante años. Marcia Ayala es una de las vecinas que ha visto esta metamorfosis del barrio, y cuenta que pasaron de tener su espacio construido por ellos mismos durante generaciones, a aguantar el polvo y la pérdida de la vista, pero sobre todo, de su arraigo y su identidad. Pero eso ha conseguido unirlos, que se inicien proyectos conjuntos de recuperación de la memoria colectiva. No todos los vecinos los apoyan, hay quienes simplemente han querido vender la tierra que heredaron de sus padres sin importarles la casa campesina en la que crecieron. Entre los proyectos de quienes desean salvar el barrio hay Noches de recuerdo, recuerdos fotográficos y narraciones sobre el barrio que buscan recuperar la identidad y  memoria histórica. Y otro proyecto que reúne a los barrios es la recuperación de las quebradas del sector, incluyendo a las Delicias y Los Olivos.

El interés de las constructoras no es gratuito. No solo la ubicación de los edificios, sino la recuperación misma de la quebrada llama la atención para construir apartamentos costosos  con vista a la ciudad y la montaña. Aunque el Ministerio de Ambiente expidió la Resolución 463 de 2005, en la que prohíbe construir en la montaña, las licencias estaban otorgadas muchísimo tiempo antes, y por eso se han construido edificios que llegan a los 2900 metros de altura, privándonos a los bogotanos de nuestra montaña. La comunidad de Los Olivos, Nueva Granada, Alfonso López y Juan XXIII y varias instituciones aunaron esfuerzos unidos por la conservación del agua, aunque realmente se hubiesen dado cuenta de la emergencia vivida en Los Olivos demasiado tarde.

 

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Marcia hablando ante las cámaras sobre la recuperacón del sector

La recuperación de las quebradas fue un encuentro interesante entre la comunidad y muchas organizaciones, como Amigos de la Montaña, de Amigos de la Quebrada, CantoalAgua, y Naturaleza y Patrimonio, entre otras, y de algunos miembros de la comunidad de Los Olivos y los barrios circundantes, como Marcela Clavijo, lider comunitaria del sector, quien nos comentó que el objetivo compartido entre estas instituciones y los miembros del barrio es una cosa muy sencilla: recuperar las quebradas. O mejor, que las personas que vivimos o visitamos Bogotá conozcamos nuestros cerros y nos apropiemos de lo que es nuestro.  Lo hacen por medio de caminatas haciendo que nos enamoremos de la montaña para que reconozcamos que el 73% de la ciudad es rural y que debemos cuidar los cerros, cascadas y cuevas de la ciudad… las maravillas naturales que no conocemos y tenemos en la punta de la nariz. Y aunque recuperar nuestro ambiente pueda atraer a constructores aprovechados, la conciencia sobre su existencia y necesidad de protegerlas es ya una gran protección que no debe dejarse jamás de lado.

El esfuerzo no es de acción violenta, por supuesto. Según Marcela y Octavio Rodriguez, lde Naturaleza y Patrimonio, la recuperación de la quebrada Las Delicias no ha sido simplemente la construcción de un espacio mejorado para la quebrada, Las delicias fue canalizada hace años, pero el sector, donde antes no había más que basura se plantaron aproximadamente 1650 árboles, además, se construyó un sendero que tiene acompañamiento policial en ciertos horarios (de 5 a 10 a.m.). El recorrido es colorido y bonito, está decorado con grafitis que no se enfocan en pintas con nombres o equipos de fútbol, sino con dibujos alusivos al agua y la naturaleza. También hay instalaciones de muralistas y proyectos universitarios de preservación. Todo son formas de invitar a los bogotanos a subir a su montaña, apropiarse y enamorarse de ella. Porque así es que recuperaremos nuestra montaña, esa misma que ya no podemos ver, que unas viviendas privadas nos arrebataron.

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La quebrada Los Olivos. Los edificios quedan del lado de los estudiantes de colegio que hacen su servicio social. Nótese el descuido de esa zona.

Compartimos algunas fotos de lo que fue el recorrido

Agradecimientos especiales a Naturaleza y Patrimonio, Cantoalagua, Héctor Buitrago, Carolina Cruz Vallejo y Octavio Rodriguez por el apoyo para la elaboración de esta nota, y muy especialmente a Juanita Ariza por haberla hecho posible.  Para saber de eventos y caminatas como estas, puedes registrar tu correo en la parte izquierda de www.naturalezaypatrimonio.com

 

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