Revista El Muro

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

@mauromoreno83

El parque Nacional Natural del Cocuy está ubicado al nororiente de Boyacá. Tiene aproximadamente 305.000 hectáreas. Comprende aproximadamente 31 picos, 300 lagunas y su altura máxima está en el Ritacuba Blanco (5330 msnm), que además es el pico más alto de la Cordillera Oriental Colombiana. De allí nacen varios ríos, los cuales crean la cuenca del rio Chicamocha. Dentro del parque se encuentran varios pisos térmicos, desde la nieve perpetua hasta el sotobosque, donde se unen el páramo y la selva. Dentro el parque habita la comunidad indígena U’wa, pero en la sierra existen varias poblaciones de campesinos y arrieros.

A pesar de su belleza e importancia estratégica, esta tierra y sus habitantes enfrentan algunas problemáticas de índole ambiental y social.  La primera son los turistas. Aunque esta zona está abierta para el turismo, por supuesto, la inconsciencia de los aventureros, sus desperdicios y desechos, arruinan el parque. Y es que es de sentido común: si soy un habitante de la región, no quiero verla llena de basura, y menos pensar que el agua que bebo del rio puede contener orina de un turista o de su caballo.

La segunda problemática que enfrenta el Cocuy es la corrupción: se hacen obras sin el debido análisis de impacto ambiental o social, afectando el equilibrio ecológico de la montaña. Y en muchos casos, son obras completamente inútiles. Por último, está la pérdida de identidad. Los guías, que eran arrieros de ruana y sombrero, están cambiando su identidad al usar botas y chaquetas de montaña que no tiene nada que ver con su tradición y que algunas veces no son necesarias para las actividades que realizan. Es particularmente llamativa la situación de los indígenas U’wa, quienes han tenido que adoptar nombres “occidentales” para que los blancos se dirijan a ellos.

 El grupo de los guardianes de la montaña con su brazalete azul distintivo.

Foto: Oso Andino. Reproducida bajo autorización

 

Frente a esta problemática, José Barrera, nativo de la región, ha reunido a los porteadores, arrieros y guías regionales para conformar el grupo de Guardianes de la Montaña. El mando y respeto de los guías viene del hecho de que son quienes toman el agua de la montaña, los que conocen los caminos y los que guían a los turistas de manera segura. José es dueño de Oso Andino, empresa de ecoturismo, cuya ala social es el grupo de Guardianes. No está interesado en conformar una ONG o fundación, aunque bien podría hacerlo si sus compañeros se lo pidieran, pues no le interesa que los dineros que deben estar destinados a la montaña lleguen a otras manos y se presten para corrupción. Los habitantes del sector saben qué se necesita y cómo impacta a la naturaleza, saben cuales son sus costumbres, sus límites y sus derechos, y por eso buscan que el dinero que llega sea invertido en cosas realmente útiles y necesarias.

No ha sido fácil el camino. Sin embargo, José logró ya certificar, con apoyo del SENA y su Centro Agro empresarial y Turístico de los Andes, ubicado en Málaga, a 40 de sus compañeros en la “norma de competencia laboral para prestar servicios de guianza de acuerdo a lo requerido por el usuario”. En este caso, no valió que fuesen sus amigos de toda la vida: el que no aprobaba el examen, no recibía título y ya. Todo eso con el fin de que los guías locales tengan el entrenamiento y la capacitación suficientes para, primero, prestar un buen servicio, y segundo, que su trabajo sea reconocido justamente. El interés de los Guardianes es que los guías, porteadores y arrieros trabajen y se ganen la vida sin recibir regalos, sino mediante el esfuerzo, la creatividad, la inteligencia, además del cuidado y el amor que tienen por la montaña y el apoyo de Oso Andino, entre otras empresas.

Eso, además, ha evitado que los guías pierdan su trabajo e incluso ha logrado que tengan mejores condiciones. La experiencia y capacitación de los guías locales es más importante para él que los guías titulados. Con la certificación necesaria en seguridad y toda su vida en la montaña, es más que suficiente. Y con eso, se ha evitado que guías externos lleguen a ocupar las plazas de los locales, y además, organizar las condiciones de trabajo y las tarifas para que el guía local aprenda a respetar su labor y evitar excesos tales como cargar 50 kilos a 4500 metros del atura. Por extensión, ha logrado que los turistas  aprendan a respetarlos a ellos y sobre todo a la montaña.

 cocuy

La montaña.

Foto: Oso Andino. Reproducida bajo autorización

 

Este trabajo ha llevado a José a conocer a líderes locales no sólo del Cocuy, sino de poblaciones cercanas afectadas por la inseguridad que ha traído la explotación minera. Presta respaldo ambiental y legal ante diversas situaciones. Por ejemplo, actualmente, y por subvenciones económicas internacionales para la preservación, hay mucho interés en la compra de tierras en la región, y por la falta de información, los campesinos venden su territorio a precios ridículos. José ha promovido la no venta de estos predios, recordando que eso significa entregar el poder sobre sus vidas al gobierno al entregarle el agua, un recurso vital. Además, está buscando que las empresas (no sólo de turismo) asuman su responsabilidad ambiental y ayuden a la recuperación de la montaña. Así mismo, se ha acercado a los U’was para ofrecerles asesoría y ayuda para la preservación de sus tierras de las petroleras y mineras, además de técnicas amigables con el ambiente para el cultivo.

El camino es largo, es complejo y tiene riesgos. Pero los Guardianes, los de ruana, están comprometidos con ella, pues son conscientes de que su montaña les da la vida, y de que darían la vida por ella.

Para conocer más sobre Oso Andino y los Guardianes de la montaña, Visita su página web o escribe a:

Página Web: http://www.osoandino.com

Correo: osoandinococuyano@yahoo.es

Celular: 3118092100

Sobre el autor Ver Más artículos de este autor Página del autor

mm

Revista El Muro

Deja un comentario