Revista El Muro

Conversamos con la joven artista Paloma Marín, quien recientemente lanzó una obra minimalista para piano titulada “7 Valles”. Nos contó sobre su obra y su visión sobre la vida, el arte y la espiritualidad que los une.

Por: Mauricio Moreno

@mauromoreno83

Hablar con Paloma Marín es una experiencia espiritual en toda regla. Su particular visión de mundo, muy influenciada por las corrientes de pensamiento de medio y lejano oriente, envuelve y lleva convincentemente a quien la escucha por los caminos de sus creencias. Inteligente, culta, inquieta, hermosa y sobre todo apasionada por sus creencias y arte, es de esas personas con una capacidad peculiar para hechizar a quien se anime a sentarse a oír lo que tiene para decir mientras se aprende montones sobre temas que van de la técnica musical hasta la poesía y la espiritualidad en un argumento que fluye sin mayor contratiempo. Un espíritu libre que hace honor a su nombre.

Esta joven joyera, pintora y música lanzó recientemente su primer trabajo en solitario, “7 Valles”, una obra minimalista en piano cuya sola explicación es suficiente para crear un artículo aparte que de cuenta de lo que hay tras cada uno de los temas (que por supuesto, presentaremos en un par de semanas). Hablamos con ella sobre su nuevo trabajo, su visión del arte y la espiritualidad que intenta plasmar en su obra.

¿Quién es Paloma Marín?

Me dedico a la pintura, la joyería y la música y creo en el arte. Creo que es muy importante para desarrollarnos y evolucionar como seres humanos.

¿Cómo nació la idea de crear 7 valles?

Así se llama un libro escrito por un viejo filósofo iluminado de Irán (Bahá´u´lláh) que murió en 1892, quien escribió varios libros, entre ellos 7 valles. Habla sobre la experiencia humana en esta tierra, reconociendo un alma, un espíritu que es inmortal. Los siete valles es el proceso del alma en esa experiencia.

¿Cómo fue el proceso de producción?

Averigüe en varios sitios para grabar y costaba como un millón de pesos el día en los estudios que tenían piano. Por eso lo hicimos en mi apartamento. Pusimos tapetes, lienzos y todo. Mandé a afinar el piano en 432 HZ. En 1939 se estableció que “La” se afinara en 441 HZ, pero leí que 432 Hz es más saludable para la mente. Mi productor, Daniel Badi, tiene una empresa llamada Rinaldi Sound y todos sus trabajos están conectados con esta manera de ver el mundo, sus discos son tratan de expresar consciencia.

Hicimos todo en mi casa, trajimos unos micrófonos que nos prestaron de Cinecolor, otros nos los prestaron de Audiobit… todo fue súper guerrero, tratando de bajar costos. Después mi amigo Daniel Badi lo masterizó, todo con un presupuesto muy bajo.

¿Y la portada?

 La hicieron Gabriel Elías Jaude y Juan Prieto, son grandes amigos míos desde hace muchos años. Estuvimos trabajando juntos algunos meses. Yo les pedía algo que evoque el trascender, y lo hicieron usando  fotografía y mezclando la parte gráfica. Llegamos juntos a ese resultado pero ellos son los autores de la portada. Son unas montañas a las que se agregan unas capas que te llevan hacia la luz. El siete está volteado, pero al verlo en perspectiva es una montaña. Ellos desarrollaron todo eso. Cuando trabajo con la gente, me gusta dejar que hagan lo que sienta, y eso es lo que ellos sintieron al escuchar “7 valles”.
¿Cuáles son las principales influencias?

Yo soy amante de la música clásica y romántica, mi compositor favorito es Beethoven, sus sonatas me parecen increíbles, tienen algo que lo conecta a uno con sentimientos muy profundos. Más que a Mozart o a Liszt, amo a Beethoven, me parece increíble y es una de mis grandes influencias.

En cuanto a contemporáneos, me gusta Yaan Tiersen. Tiene algo en su música que me conecta con algo más allá, que hace sentir profundamente. Escucho piezas de Tiersen y casi me hacen llorar, no sé qué tienen. En términos de análisis teórico, hay elementos de intervalos, las sextas… hacer en una mano el primer grado de una escala menor y en la otra el tercero y luego llegar a la segunda inversión de una quinta menor… eso genera unos sonidos que penetran el alma.

Y también está la repetición, repetir frases como lo hace Philip Glass, algo como el sentimiento de la época en la que vivimos, el ritmo de la ciudad donde todo pasa, pero se repite. Y eso está en mi música, hay muchas frases que se repiten, uno vuelve a lo mismo, volviéndose como un trance, un mantra.

He tenido influencia de la música clásica toda la vida. Me encanta Chopin de los románticos, en cuanto a contemporáneos también me encanta Satie, impresionista musical, con una simplicidad… lo simple puede ser muy complejo. Él hace algo muy simple pero a la vez muy consciente en términos de sonorización y de lo que evoca. No he analizado sus partituras, pero me conecto con los sentimientos que evocan las composiciones de estos grandes compositores. Tocan algo en mí.

Imagen: Juan Prieto

¿Relacionas la música con otras formas de arte?

Sí. La música es un área en el mundo artístico que, personalmente, creo que conecta mucho más directamente con los sentimientos, te habla directamente al pecho, no pasa por la cabeza cuando está hecha con esa intención. La pintura y las artes plásticas de pronto llegan a pasar por algún filtro, son más abstractas, el sonido en cambio te pega directamente, la imagen creo que pasa primero por la razón.

De todas maneras, la imagen se puede traducir en sonido, y la música se puede volver imagen. Todo está relacionado, pero lo que me gusta del arte es que habla de una realidad humana que tiene que ver con algo que, para mí, nos conecta con el más allá. El arte nos habla de una realidad que está un poco más allá del alcance instintivo, motor o intelectual. Algo que no sé cómo poner en palabras.

Creo que quienes sí lo saben poner en palabras son los poetas. A veces hablan directamente al corazón. La poesía que está conectada con algo que no es positivo o negativo, un abismo inmenso, llámalo consciencia universal, energía, o como sea. Algo como “El Monólogo de Segismundo” en La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca:

“Sueña el rey que es rey, y vive
con este engaño mandando,
disponiendo y gobernando;
y este aplauso, que recibe
prestado, en el viento escribe,
y en cenizas le convierte
la muerte, ¡desdicha fuerte!
¿Que hay quien intente reinar,
viendo que ha de despertar
en el sueño de la muerte?”

Comunicar ese sentimiento que va más allá de la vida misma, eso es arte. Quienes mejor lo saben hacer son los poetas,  saben conectar sus sentimientos con esa fuerza, con ese vacío, esa búsqueda en que estamos todos, esa melancolía existencial que surge cuando nos cuestionamos.

Imagen: Juan Prieto

¿Y cómo ha sido la recepción de la propuesta?

Acá en Bogotá ha tenido una acogida pequeña, su público es muy reducido. Esta ciudad está mucho más permeada por la música pop, el rock, la música tropical e inclusive la música electrónica. Hay que abrir un espacio para que la gente que hace música de este tipo, con elementos clásicos, con armonías contemporáneas pero siguiendo los parámetros clásicos tenga la oportunidad de entrar en los proyectos que en este momento están surgiendo en la ciudad.

La mejor crítica que he recibido es que al escucharlo, varios amigos han sentido algo, diferentes emociones, y creo que ese es el trabajo de un músico, de cualquier artista: Evocar algo en una imagen, una obra de piano, o en lo que se haga; generar algún tipo de sentimiento que te conecte  con los demás.

¿Qué viene para Paloma Marín?

Hay que seguir creando, haciendo joyas, pintando, componiendo, aprendiendo de las personas que han descubierto cosas en su arte y en su forma de vivir, y tomar eso como herramienta para seguir creando. Así mismo, es importante enseñar las cosas que voy descubriendo como artista y ser humano. Seguir viviendo y dentro de ese vivir, seguir evolucionando.

Para saber más, sigue a Paloma en

                                       

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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