Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

Cuando fui a solicitar una entrevista al centro cultural alternativo La Peluquería, Melissa Paerez (Líder del colectivo) me miraba y miraba de manera curiosa: básicamente, me estaba peluqueando con la mirada. Así que me dejé convencer y programé cita para tener una entrevista con peluqueada incorporada.

Cuando llegó el día de la cita sentí nervios, no voy a negarlo. Llegué un poco temprano y me senté en la salita a beber un delicioso café (en serio, lo recomiendo muchísimo) mientras preparaba los últimos detalles de la entrevista. Llegó el momento y me senté en la silla vintage de barbería. Frente a mí, el patio, pues en la peluquería no hay espejos frente al cliente. Es decir, me estaba sometiendo a un cambio de look (lo cual para muchos es duro) con el agravante de no tener control alguno sobre mi nueva apariencia.

El corte fue lento y no podía evitar sentirme un tanto nervioso. Pero en la peluquería escuchan al cliente y lo conocen (incluso, abren una historia a cada cual), haciendo un corte según la personalidad de cada quién. Yo, por ejemplo, no puedo tener un corte trasgresor en este momento, y me gusta sentirme joven y vital. Y así fue el corte: nada conservador, lleno de juventud pero sin ser estrambótico. Además, a diferencia de casi cualquier peluquero que ha tocado mi cabeza, en La Peluquería analizan el cabello y lo cortan según su propia naturaleza. El mío, por ejemplo, es caóticamente desordenado, y mi nuevo corte le permite serlo, pero de manera caóticamente armónica.

Para ser sincero, durante el proceso sólo me calmaban la mirada de aprobación de mi novia  y sentir que me gustaba lo que pasaba en mi cabeza. El cabello caía y caía mientras teníamos una agradable charla con Melissa. Realmente es muy cómodo si uno supera la desconfianza frente a no saber cómo está quedando: las “peluqueras asesinas” se ganan fácilmente la confianza del cliente y lo consienten durante todo el proceso. Y al final del lavado y el peinado, viene el gran momento: verse en el espejo. Generalmente, eso llega con agradecimiento del cliente por su nueva apariencia, acorde con su personalidad (no vi una sola cara larga entre las 8 o 10 personas que vi pasar por allí). A mí me encantó mi nueva imagen y creo que hasta abracé de agradecimiento a Melissa. Y si me dio pena y no lo hice, debí hacerlo.

Fotografías: Darwin Viuche

Sobre el autor Ver Más artículos de este autor Página del autor

mm

Revista El Muro

Deja un comentario