Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

@mauromoreno83

En una antigua casona de La Candelaria, el corazón histórico de Bogotá, se encuentra uno de los lugares más particulares e interesantes de la ciudad. Alberga a un particular grupo de artistas que llevan su práctica más allá de la plástica o la pintura, al plasmar su obra en la cabeza de ellas mismas y de los demás. Esto es, en pocas palabras, La Peluquería. Pero es  mucho más: es un espacio cultural para el intercambio y el replanteamiento de los conceptos estéticos tradicionales, también en cuanto a arte y música que se encuentran en un espacio de  ambientación vintage dedicado a quienes quieren arriesgarse a cambiar su apariencia.

Todo comenzó hace aproximadamente 6 años, cuando  Melissa Paerez cortaba el pelo a sus amigos en Londres mientras se aburría de su trabajo como publicista. Y al llegar a Bogotá, siguió haciéndolo, pero buscando generar un espacio cultural y artístico. La idea creció y creció al igual que los rumores sobre los “cortes locos” de las peluqueras, y para jugar con esos rumores, organizaron la primera convocatoria a “peluqueras asesinas”, es decir, artistas que no tuviesen los prejuicios de la peluquería “normal” y se atreviesen a experimentar con la cabeza de los demás. Y de allí el nombre de este colectivo cíclico.

Pero lejos de ser una manada de locas asesinas, son un grupo de artistas cuyo aprendizaje de estilismo se da dentro de  La Peluquería y no en las academias tradicionales de belleza, salvo por una de las chicas que labora actualmente allí, para quien la peluquería convencional fue insuficiente por la poca libertad que le daba. Exploran su creatividad y experimentan en los laboratorios que realizan semanalmente, y aunque hay patrones y metodología por seguir, son artistas que plasman una obra en cada tijeretazo, en cada cabeza que moldean.

Y la gente cree que el público de La Pelu son artistas, extravagantes o locos. Nada más alejado de la realidad. Claramente, hay quienes buscan un corte transgresor, pero no hay una demografía determinada: van señoras cansadas del corte de señora, hombres y mujeres jóvenes con deseo de probar un look nuevo, señores que quieren verse, sentirse  diferente…  el único requisito es querer arriesgarse a un cambio. Y cuando digo arriesgarse, hablo en serio, pues otra de las peculiaridades de La Peluquería es que no hay espejos en frente. El cliente se pone en manos de la Peluquera Asesina y le presta su cabeza para hacer arte.

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Las instalaciones de La Peluquería

Pero esto tampoco es para asustarse. Antes de cada corte, la peluquera habla con el cliente, lo conoce y acuerdan puntos de partida para determinar qué es lo que probablemente va a suceder. Nadie va a perder su trabajo por llegar con un corte estrambótico, más bien puede que  gane nuevas miradas por su nuevo look, hecho por alguien que piensa fuera del molde, con miras a repensar la apariencia de la persona. Es un voto de confianza en el arte y la experiencia, pues el cliente debe confiar en la peluquera, así la acabe de conocer. Es una pérdida del control sobre la apariencia personal que generalmente termina con una sonrisa y un enorme agradecimiento. Para ellas no es simplemente un corte de pelo, es una forma de crear y de pensar.

Pero no todo ha sido color de rosa. La Peluquería no es famosa sólo por sus cortes y buena vibra. Hace un par de meses, la Policía Nacional irrumpió en un evento privado que se llevaba a cabo en sus instalaciones. Artistas, invitados y empleados fueron violentados en confusos hechos. Luego, el Alcalde de la Candelaria las inculpó de una serie de cosas que ya están suficientemente reseñadas en otros medios y no vale la pena revivir acá. Pero como en toda crisis hay siempre una oportunidad, gracias a esta incómoda situación, tras tomarse las medidas legales pertinentes e iniciarse las investigaciones disciplinarias que corresponden,  se ha puesto sobre el tapete la importancia de  generar un reconocimiento institucional de los espacios culturales alternativos, pues La Peluquería está en una zona gris: es una peluquería, pero también un espacio para eventos sociales;  una tienda de diseño,  y también un espacio cultural; es un sitio para el arte, pero también un negocio .

Y esta zona gris es lo que hace que muchos miren con algo de intriga este tipo de espacios. La gente no está segura de qué es lo que se hace en La Peluquería y eso asusta a muchos. Y entre esos muchos, están entes reguladores y autoridades. El público, por el contrario, curiosea y termina cortándose el pelo o asistiendo a una de las fiestas o eventos de la cultura alternativa que se llevan a cabo en ese espacio. Así, están liderando procesos y mesas de trabajo que buscan reconocimiento legal y definición de los espacios alternativos, para que logren encontrar su justo espacio como promotores culturales parte de una era de evolución que se asoma en la ciudad.

Pero esos lunares no opacan los logros de la Peluquería. Por ejemplo, hicieron el Stylling de Andrea Echeverry en su álbum “Ruiseñora”. Así mismo, es un reconocido punto turístico de la capital. Hay en la prensa nacional e internacional muchísimas notas sobre su trabajo y son consentidas de los medios, tanto alternativos como Mainstream. Así mismo, cuando necesitaron reconstruir el techo del su sede (una casona antigua), el público apoyó su iniciativa gustoso, y recibieron el apoyo de empresas privadas, tales como cementos Argos, Corona, recibieron el padrinazgo del reconocido arquitecto Simón Velez para las obras y además, del Restaurante y espacio cultural “A Seis Manos”, que les abrió las puertas por medio un espacio de trabajo mientras duraban los arreglos, entre muchas manos de ayuda.

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Federica, “gerente general” y amor de todos y todas en La Peluquería

 

Y es que su experiencia explica por qué vale la pena vivir por el arte y del arte. Hacer del arte una forma de vida, una fuente de sustento y una comunión dentro de la vida cotidiana. Y quieren llegar más lejos, llevar el concepto y la metodología creada por Melissa fuera de su espacio y llegar a las peluquerías de barrio, así como han logrado llevarlo a espacios alejados de su ambiente, apoyando a poblaciones vulnerables y mostrándoles  que es posible cambiar de imagen y verse bien, llevando una pequeña obra de arte en la cabeza. Todos esos logros y cosas bonitas que les han sucedido nacieron de enfrentarse al miedo, de atreverse a cambiar, a soñar y a trabajar. Ese mismo miedo que hace que muchos no se atrevan a sentarse en las hermosas sillas de barbero para perder el control sobre su apariencia, para ser como el fénix que se deshace y renace, en este caso,  más bello y renovado.

Pero al superar ese miedo, Las Peluqueras Asesinas encontraron una forma de vida, de arte y de sustento que resulta completamente envidiable: conocen personas maravillosas que confían de manera ciega en ellas (literalmente) y las ayudan a mejorar su vida con una nueva apariencia. Es una forma de hacer el bien al otro haciéndolo también para ellas mismas, soñando con un cambio y haciéndolo posible, porque, como dice Daniela Wong, “Si uno tiene la capacidad de soñar, tiene la capacidad de crear”.

Para contactar a La Peluquería:

Sitio Web: www.lapeluqueriabogota.com

Facebook https://www.facebook.com/lapeluqueriabogota?ref=hl

Twitter @lapeluqueriabogota

Teléfono para agendar citas: 320 8644083

Fotografías: Darwin Viuche.

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