Revista El Muro

Te presentamos la sorprendente instalación de Nicolás París en el espacio NC-Arte

Por: Isabel Zuluaga

@zumbambico

En medio de esta selva de concreto no hay nada más gratificante que encontrarse con el olor a tierra, a tierra mojada.  La humedad que se despliega bajo nuestras narices funciona como un detonante de recuerdos y de vida que además, tiene la capacidad de regocijar a más de uno. Eso lo sabe muy bien el artista colombiano Nicolás Paris, quien a través de su más reciente proyecto, Petricor, intervino la galería Nc-arte  (Cra 5 No. 26B -76)  a punta de verde y tierra.

Nc-arte está ideada para exposiciones de carácter in situ donde cada uno de los artistas invitados realizan obras ejecutadas específicamente para el espacio de la galería, lo que garantiza un sello único en cada una de las muestras allí llevadas a cabo. El caso de Petricorno fue la excepción, sin embargo, esta vez me sentí más atrapada que nunca por el sitio, que a su vez, estaba configurado por un piso construido a punta de maderas recicladas -cuyo rechinar al más mínimo movimiento  provocan una conciencia del instante presente- y plantas sembradas a lo largo de toda la sala que van creciendo de acuerdo a su temporalidad. Pura vida, que como afirmó el propio artista durante las pocas palabras que cruzamos en mi visita a la exposición: “tienen la capacidad de sanar”.

Me atrevo a decir que todo el que vaya a Petricor no querrá marcharse del lugar, pues aquí el visitante es mucho más que un simple espectador de una pieza,  ya que sin darse cuenta, se convierte en parte de la misma.  Al recorrer el espacio no solo se encontrará con vegetación de todos los tipos y tamaños sino también con pequeñas ‘esculturas  sorpresa’, que lo agarraran de improviso y le arrancaran una sonrisa. Un proyecto abierto al público hasta el 16 de abril, que funciona como una oda a la vida y un eco de esperanza a hacia un futuro que en vez de ser gris, puede aliviarnos las angustias del día a día.

Según la curadora, Claudia Segura, Petricor es “la posibilidad del artista de hacer cosas y dejarlas para que otros las vuelvan a nombrar, intervenir y finalmente hacer de nuevo. Compartir el descubrir de la naturaleza y localizar un nuevo árbol cada vez: en el suelo, en la tierra y en los objetos orgánicos que imagina el artista.” Un trabajo sincero, orgánico que habla por sí solo y funciona como una caricia, o mejor aún, un respiro de contemplación, silencio y calma que alivia la gris aridez que consume a los habitantes de la capital. ¡No se la pierdan!

               

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Isabel Zuluaga

Respira colores, formas y palabras mientras frecuenta cafés donde raya servilletas en medio de rumores de vidas. Apasionada por historias del cotidiano, fanática de Blink 182, noventera de corazón y viajera obstinada hacia el universo de sus sueños. También conocida como Zumbambico

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