Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

@mauromoreno83

Dos veces al mes se reúnen en el Parque de Alcalá de Bogotá grupos de niños, jóvenes y adultos a leer sobre un mantel de cuadros rojos y blancos. Allí hay familias enteras congregadas alrededor de libros infantiles. Leen, ríen y se divierten alrededor de historias fantásticas, libros de animales en un evento que busca promover la lectura en espacios públicos no convencionales: Picnic de Palabras. Cada quince días se encuentran personas que ya son amigos, se tratan con cariño y conforman la familia de Picnic, haciendo el esfuerzo de salir un domingo para compartir con ese grupo de enamorados de la lectura.

Todo comenzó en el año 2012 en una casaen Bogotá, en el que Marcela Escovar estaba reunida con algunos amigos.  Esta joven bogotana contó con la fortuna de que su padre le leyera cuentos cuando niña, hecho que la marcó lo suficiente como para que llegara a estudiar literatura. De la carrera le nación la pasión por comprobar que la gente en Colombia si lee, contrario a lo que dice el mito urbano, pero que la falta de pasión por la lectura se debe especialmente a que no hay un vínculo emocional con las letras.

En esa casa, apareció la idea que buscaba para lograr probar su teoría. Sus amigos le solían preguntar qué libros había comprado recientemente, y sólo tenía libros para niños. Y así, un viernes a las once y media de la noche, veinte personas se pusieron a leer libros para niños. Ese fue un momento revelador acerca de lo fácil que es que otros lean cuando hay disposición y de allí nacería la idea de Picnic de Palabras: una experiencia en la que en medio de un parque se apuesta por la lectura de buenos libros en familia. Los géneros varían entre los cuentos, las historias cortas, los informativos, ilustrados o de ficción. El espacio es el parque, el lugar de diversión por excelencia para los niños, porque la idea es que se relacione la lectura con la diversión y que se vea que la lectura no solo como una acción que se realiza en solitario y en silencio, sino que se puede leer donde se quiera, cuando se quiera, y especialmente con quien se quiera.

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Marcela no tiene miedo de ese mito que dice que la lectura es aburrida. Cada día llega más gente a leer con ellos, muchos se acercan a curiosear, se quedan y crecen como lectores dentro de Picnic de Palabras. Porque aunque la tecnología esté invadiendo nuestros espacios constantemente (no sólo internet, sino los teléfonos, los chats, los juegos…), está en nosotros  aprender a manejarlos y enseñar a los niños a manejarlos. En el caso particular de Picnic de Palabras, no podría haber avanzado sin el uso de redes sociales, así que resulta inocente negar la importancia de estos nuevos fenómenos, pero lo importante es aprender a darles su espacio.

En Picnic de Palabras no se reciben donaciones sino bajo criterios muy fuertes de selección. Marcela está muy pendiente de los libros que puede llevar a la actividad porque la idea es que los libros cambien al lector, y por eso no cualquier libro puede estar en el mantel de Picnic de Palabras. La colección ya es de aproximadamente 300 libros, cuya inversión ha hecho en gran parte Una amiga lectora enamorada desde la formulación del proyecto que ha permitido la expansión de la biblioteca y el proyecto. Pero la idea no se queda allí, y está en constante renovación: Por ejemplo, se están empezando a invitar autores e ilustradores de los libros infantiles colombianos a Picnic de Palabras, para que los lectores puedan conocer a esas persona que comparte su creatividad y conocimiento con ellos.

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Y la idea es tan poderosa que desde el año 2013 han empezado a replicar la idea de Picnic en Colombia y el mundo. Inicialmente en Monterrey, México, de la mano de Tere Farfán y posteriormente en Cadereyta, México, con Iván González. Luego, se abrió uno en San Agustín, Huila, otro en Medellín,  en Buenos Aires, Chiapas y Barranquilla. En total, se hace picnic de Palabra en ocho puntos del Latinoamérica.  Y más allá de este premio inmaterial, han recibido premios como “La Pola Social”, un lugar en SOFA 2013, una mención de honor en México con CONAIMUC  o la participación con una ponencia en el congreso IBBY de literatura infantil a celebrarse este año en México.

Peor ante todo, Picnic ha dado felicidad a Marcela, que a la larga es lo importante. Quiere llegar a ver Picnic de Palabras en todo el mundo y que sea un proyecto recordado por el público. Llegar a quienes más lo necesitan, a muchas familias que quieran enamorarse y apasionarse por la lectura para construir una generación lectora. Y ese es su plan y lo está haciendo, porque es su pasión y va a hacerlo aunque eso implique salir de su zona de confort, porque hay que saltar y arriesgarse… el que piensa pierde, dice Marcela, el que se queda reflexionando si hacer o no, pierde la oportunidad de construir su felicidad. Eso no implica dejar el trabajo y cambiar de carrera, sino darle un espacio en la vida cotidiana a eso que llena la vida de pasión y alegría, hacerlo sin dudar, aprender, mejorar y rodearse de personas que estén interesadas en eso… lo que sea necesario para estar conectados con lo que nos guste sin dejarlo nunca de lado, manteniéndolo como a un bonsái, con agüita para que siga siempre con vida.

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Fotografías provistas por Picnic de Palabras. Reproducidas bajo autorización

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