Revista El Muro

 

 Por. Eso le digo

@chechojajaja

 

Quería escribir sobre las cosas buenas de la gente, pero mientras escribía este texto, se me cayó el Internet, se me regó el  milo caliente sobre el teclado, apagué el computador y se me olvidó guardar. Así que empecé a escribir sobre las cosas feas, como por ejemplo: algunas personas no tienen ninguna delicadeza cuando les invitan “algo”.

 Si queremos que no nos vean la cara cuando invitamos un “algo” entonces eliminemos de nuestro vocabulario la frase: “Pida lo que quiera que yo lo invito”.

 Uno debería decir: “Pida lo que quiera, pero que no pase de tanto…”. Si usted quiere mucho a esa persona, entonces que no pase de mil pesos; si es alguien no muy conocido, pues con quinientos pesos usted queda como un rey, y si no hay ningún tipo de relación y lo que usted siente es fastidio, entonces dígale: “¡Vaya a que le gaste su madre!”. Así deja mamando al tragón, a ese que se toma muy literal la frase, y mientras usted pide un tinto o una gaseosa, el sinvergüenza ya tiene en la mano mil de salchichón, dos panes franceses, una colombiana y le hace ojitos a una empana. Aunque conozco personas más descaradas que dicen: “Por qué mejor no me da eso en plata, es que en el barrio venden unos tamales y con eso si quedo bien lleno”.

 Ahí es posible que a usted se le olvide que es amigo y se dé cuenta de que no hay ninguna relación, por lo tanto podría usar el: “¡Vaya a que le gaste su madre!”.

 Lo peor que puede pasar es que usted pierda la voluntad y saque los dos mil quinientos pesos con una rabia, mientras que por dentro se pregunte: “¿Por qué soy tan pendejo, no debí darle esos dos mil quinientos, ahora me toca irme a pie, ese man si es una puecueca, en la vida lo vuelvo a invitar a algo, ese no es mi amigo, maldito lo odio”.

 Y el amigo le pregunta:

 ―¿Ole, está bravo?

 ―Ja ja ja ja ja, nooo, tan bobo, ¿por qué tendría que estar bravo?

 

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 Ese tipo de gente no entiende que eso es un mero formalismo, o sea, no es un contrato, ni una promesa, solo es un decir por decir, no tiene valor práctico ni real, solo es algo sin sentido, así como cuando uno le dice a la novia: “¡Te amo!”; o cuando el papá le dice a sus hijos: “Yo los quiero a todos por igual”; o cuando un amigo dice: “Si necesita algo, me avisa, no importa la hora, no dude en llamarme”.

 Hay que entender que uno no puede pedir lo que quiere, y que el que paga, no quiere pagar lo que quiere pedir el que ha sido invitado, o sea, para no ir tan lejos, si a usted le dicen “Pida lo que quiera que yo se lo pago”, no va más allá de un tinto, de un cigarrillo, un chicle, una morita, un Trident (pero del individual), una menta, unas galletas festival ¡y eso! 

 Dios debería castigar a esos inescrupulosos que se aprovechan de la buena fe de personas como usted y yo con frases como: “Es que no sé qué pedir”.

 El objetivo de esta frase es medir la capacidad adquisitiva del que invita, por lo general quien la dice se ve obligado a sugerir cosas, de esta manera el inescrupuloso se hace una idea del producto que le pueden gastar. En dado caso que le señalen algo barato, el inescrupuloso hace caso omiso y manifiesta características negativas del producto señalado. Por lo general se hacen gastar lo más caro.

 “Es que me da pena”. Con esta otra frase solo buscan reafirmar la invitación. Así que evite a toda costa seguirles el juego, pues dicha frase busca que usted se choque emocionalmente y diga: “¿Pena de qué? No sea tan bobo, pida”. Si el inescrupuloso agacha la cabeza y hace soniditos, no se deje engañar, pues está buscando que usted diga: “¡Ay, tan bobito!, le dio pena”. Y en ese punto, mi querido lector, debe saber que la cuenta le saldrá un poco cara y que le han metido un gol por inocente.

 “¿Enserio puedo pedir lo que quiera?”. Voy a ser directo: ¡le vieron la cara!

 Por eso me volví de esas personas que aguantan hambre con tal de no gastarle a nadie, de esas que les chillan las tripas, pero que prefieren ver a su amigo montado en un bus, antes de comprar un pastel de pollo y tener que gastarle a él. Pero en ningún caso vaya usted a pensar que yo soy un tacaño o un amarrado, no señor, solo soy ahorrador compulsivo.

 

Ilustraciones por Alejandro Henao (@MrVenao)

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