Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

Es curioso ver cómo nos hacemos el feo a nosotros mismos y a nuestras raíces. Parece que ser colombiano para muchos fuese una vergüenza, y por eso preferimos todo lo que venga de afuera. Estoy pensando en un concierto al que asistí hace poco con un cartel excelente de músicos que retoman nuestra tradición y la fusionan. Los asistentes no llegábamos a los 200 y eran en su gran mayoría hipsters que se precian de escuchar cosas raras y que no venden. Lo mismo pasa con las eternas discusiones en cada Rock al Parque ante la inclusión de una banda que tenga cualquier cosa que suene medio andina o medio tropical. Siempre nos negamos las raíces de lo que somos como si sintiéramos pena por serlo.

Y es cierto que para crecer como personas debemos desligarnos del clan en el que nacimos, ya sea familia, país, parche, porque en efecto de allí vienen una serie de prejuicios y de creencias que nos impiden ser quienes somos. Algo que está muy presente en Colombia (no sé el resto de América Latina, así que pido excusas a quienes nos leen desde otros países) es un impresionante clasismo y autoexclusión que nos dice que lo autóctono es malo. Es muy parecida a la creencia que nos dice que nosotros mismos somos malos por tener alguna tendencia que difiere de la norma.

Pero esta tendencia es reafirmada por todos los que nos invitan a “pensar fuera de la caja”, ser diferentes, arriesgarnos, etc… Y sí, hay que hacerlo, pero cuando estemos listos y podamos realmente emprender un camino nuevo sin sabotearnos, y eso implica primero haber encontrado nuestra naturaleza y descubierto quiénes somos realmente y qué queremos. Ese ser diferente que nos ofrece la publicidad o muchas corrientes del coaching pareciera una negación de todo lo que somos, un cambio radical en la vida fuera del cascarón, pero que no significa un cambio por dentro, que es donde realmente importa, y donde están las semillas tanto de la tristeza como de la felicidad.

Voy a poner un ejemplo visceral y que no quiero que suene a homofóbico, pero que ilustra suficientemente el punto. Hay una tendencia a invitar a la gente a salir del closet. Y estoy de acuerdo con que las personas que tienen tendencias sexuales diferentes a la “norma” puedan hacerlo y sean felices expresando su naturaleza. Pero estamos llegando a una especie de moda, donde incluso quienes no están en el closet deben salir. Y una cosa es que los adolescentes experimenten, es parte de su naturaleza, otra es que haya ahora una presión social para que todo el mundo sea homosexual. Pero esa es la nueva tendencia, tan nociva como la contraria. Por eso es importante saber quienes somos.

Lo que quiero decir no es que no nos movamos y conservemos un estatus, una vida alejada de lo que nos hace felices y dentro de la norma, todo lo contrario. Pero es importante aprender a aceptarnos como somos y siendo quienes somos, y eso incluye el producto que somos. Por ejemplo, la publicidad dice que hay que dejar todo y volvernos todos pintores o fotógrafos, porque eso es lo que entienden por “trabajo creativo”. ¿No puede alguien con un trabajo aparentemente no creativo ser feliz? ¿No puede un oficinista ser feliz en su cubículo? ¿No puede un contador hacer de su actividad algo creativo, a pesar de ser algo aparentemente esquemático y rígido? Si no nos gusta algo de quienes somos, podemos cambiarlo, pero sin necesidad de negarnos o juzgarnos por ello. Tal vez, podemos dejar a la publicidad con sus lemas baratos de venta y cambiar el término de “Creativo” a “creador”, que para la espiritualidad son lo mismo, pero deja de confundir la creatividad con ser pintor (nada contra los pintores, es sólo que vi un comercial en particular que usa un pintor antes de escribir esto).

Aceptarnos y ser felices no depende simplemente de dejar todo atrás y negar nuestra naturaleza, sino por el contrario, de aceptarla y aceptarnos con todo lo que eso conlleva. No significa prohibirnos sino reencontrarnos, gozar de lo que nos da regocijo. Esto no significa rechazar lo foráneo o aquello que nos gusta de la hipnosis colectiva en la que muchos dicen que vivimos para vender libros de autoayuda. Pero tampoco quiere decir que nos tiene que gustar todo lo autóctono: no tiene que gustarnos el vallenato y puede encantarnos el reguetón. Puede que no nos guste la cumbia o la champeta, puede que seamos rockeros… pero sin despreciar quienes somos, así eso sea parte de nuestra tradición o no. La felicidad está en arriesgarse a ser quienes somos, no en ser lo que nos dicen y venden que debemos ser, ahora que la publicidad encontró una mina de oro en decir que todos debemos ser artistas. Y sí, es cierto, pero un ingeniero, un contador o un panadero también son artistas si aprenden a crear en su trabajo, a mejorar lo que está a favor de todos. Aceptarnos es entender que no hay una forma de vida mejor que otra, o un camino bueno o malo, sino simplemente diferente al nuestro, y que el nuestro vale tanto como el de los demás. Al entender esas otras cosas que nos negamos, y especialmente al aceptarlas como parte de nosotros mismos y agradecerles y agradecernos por tenerlas allí, estaremos descubriendo un hermoso universo de lo que también somos nosotros.

Ilustraciones: Alejandro Henao (@MrVenao)

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