Revista El Muro

 


Por: Mauricio Moreno

 

Personalmente, creo que una de las cosas más difíciles que afrontamos en la vida es el momento del adiós. No importa a qué. Piensa, por ejemplo, en las vacaciones más divertidas que hayas tenido: sueñas con que duren para siempre y no quieres regresar a casa. Pasa lo mismo con las relaciones, no sólo las de pareja, sino con todas. A veces estamos en relaciones poco saludables con nuestra familia, amigos o trabajo. Pero a pesar del sufrimiento, somos incapaces de terminarlas. Hablaré de las parejas, porque es algo especialmente doloroso.

Si uno quiere ver a una persona hablar pestes de otra, debe preguntarle por su “ex”. “De lo que se perdió”, “De lo que me salvé”, “Es que era una neurótica”, “Es que era un perro”, “Es que la suegra”, “Es que el cuñado”, “Es que…”, “Es que…” Tengo que aceptar que eso tiene su lado divertido para quien escucha, pero lo preocupante es que cuando se le vuelve a preguntar, vuelve a contar lo mismo, tal vez haciendo comparaciones con una persona nueva que supuestamente no tiene ninguno de esos defectos. Y después, tal vez sean dos los nombres de los que se queja, pero por lo mismo… O peor aún, se queja de la persona con quien tiene una relación. Cuando alguien me llega con ese cuento, hago una pregunta que cambió mi vida cuando me la hicieron: “¿Entonces, por qué sigues ahí?”.

¿Por qué sigues ahí?

Terminar una relación en la que hubo sentimientos fuertes involucrados es complejo. La fuerza de la costumbre, de los apegos, el miedo a estar solos, a no encontrar a alguien más… todo eso impide que sea una transición sencilla. Pero la gente cambia con el tiempo, todos empezamos a hacer o a creer en diferentes cosas, nos sentimos atraídos por personas fuera de la relación, nos devora la rutina… No estoy diciendo que las relaciones deban acabarse cuando venga la primera duda; de hecho, es completamente natural que estas cosas pasen, hasta la relación más sana y feliz tiene altibajos. A lo que me refiero es que hay puntos donde lo que recibes en la relación es dolor, donde no quieres saber de la persona… A veces esto no pasa conscientemente, sino que buscamos cómo aislarnos del otro, lo evitamos en lo sentimental, físico y sexual. Y cuando te das cuenta de lo que en realidad les sucede, “lo que antes era agua bendita, ahora sabe a vino amargo”, como diría Bon Jovi. Por eso, es importante preguntarse: “¿Qué estoy recibiendo? ¿Qué estoy dando? ¿Cómo me siento con esta persona?”

 

 

 

 

Sólo tras perdonar y agradecer, sabemos que estamos libres, que podemos continuar sin la sombra de una relación fallida tras nosotros.

 

¿Cuándo se acaba?

Una relación no se acaba cuando dices “Oye, terminemos”. Puede que pase, pero no suele ser así. Y eso se debe a que pueden poner miles de kilómetros entre ustedes, pero seguirán ligados, pues mentalmente se mantienen unidos por los lazos del resentimiento y el rencor. O peor, por lazos de apegos y necesidades poco sanas. Todo esto acaba por envenenarnos emocionalmente y se convierte en un bloqueo permanente para las relaciones que vengan a futuro.

¿Cómo liberarse realmente de una relación pasada? Hay dos aspectos claves que necesitamos tener en cuenta antes de decir que realmente terminamos una relación: el perdón y el agradecimiento. Lo primero que debemos hacer es perdonar a la otra persona y perdonarnos a nosotros mismos por los errores cometidos durante la relación, siendo lo suficientemente maduros para asumir nuestra responsabilidad: supongamos que nuestra pareja nos puso cuernos. Podemos culparla y continuar así con el resentimiento por años (moldeando nuestra relación futura por el miedo a que suceda lo mismo y llevándonos al famoso “tod@s son iguales”) o podemos ser maduros y preguntarnos: “¿Por qué lo hace?” y ver que tal vez “Todo lo que le di y lo bueno que fui” no era lo que la otra persona estaba buscando, y eso llevó a que buscara esa aventura. Pero la carga del juicio no debe pasar a nosotros, sino que debe desaparecer. Y es allí donde nace el perdón.

El siguiente paso, tras perdonar(nos), es agradecer. Es un paso que se da naturalmente y que no quiere decir que desconozcamos los problemas o errores en la relación, sino que veamos lo positivo, lo que aprendimos de nosotros y de la vida durante la relación, y a agradecer por las cosas bonitas vividas. Sólo allí sabemos que estamos libres, que podemos continuar sin la sombra de una relación fallida tras nosotros. No es que sea sencillo, sino que es necesario.

Algunos consejos para iniciar una relación saludable antes de despedirme:

  1. 1.Conózcanse primero: Las relaciones empiezan siendo un cuento de hadas. Es necesario que te des un tiempo para ver cómo les va como pareja antes de decidir tener hijos o casarse. No tiene que ser perfecto, pero es importante que haya compatibilidad.
  2. 2.No esperes que sea el amor de tu vida, permítele serlo: es importante no hacerse expectativas ni esperar que las relaciones sean perfectas. Simplemente deja que pase y que la relación se desarrolle naturalmente sin intentar llevarla a lo que tú quisieras que fuera, porque es muy probable que eso no sea lo que la otra persona quiere que sea.
  3. 3.Acepta y ama a la otra persona con las cosas que no te gustan, no a pesar de ellas: Tú tampoco eres perfect@.
  4. 4.Sean claros desde el principio: Hay que saber qué se quiere compartir y qué no se puede negociar; y sobre todo, hay que hacerlo saber.
  5. 5.Lo más importante: sean sinceros desde el principio, las mentiras son bombas de tiempo.

 

Fotografías: Indalecio García (http://www.flickr.com/photos/indagar/)

 

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