Revista El Muro

Hablamos con Jorge Mario Fajardo y Carolina López, líderes de Sultanes y  Máratas, quienes nos contaron cómo creció el deporte en Cali y cómo llegaron a plantear un programa para una de las comunidades más vulnerables de la ciudad

Por: Mauricio Moreno

@mauromoreno83

Hace pocos días, en Cali se celebró una fiesta de quince años, pero no una cualquiera: desde hace una década y media, el club Máratas de Rugby Femenino entrena niñas, jóvenes y mujeres en un deporte de contacto, tradicionalmente asociado con la masculinidad. Actualmente, junto a Sultanes, su club “hermanito”, entrenan jóvenes de todos los estratos sociales para atraer jugadores y generar un impacto positivo, si no en la comunidad, al menos en la vida de cada uno de los individuos. Liderando este proceso están Carolina López y Jorge Mario Fajardo, una pareja de esposos que tras muchos años y dificultades, han logrado afianzar dos escuadras de un deporte que cambia vidas.

El rugby llegó al Valle del Cauca cuando hacia 1997 hubo una clase de este deporte en una universidad caleña. Allí, Jorge Mario junto a otros estudiantes practicaron por primera vez, sembrando una semilla que con los años daría pie al nacimiento de la liga. Uno de los participantes, Daniel Watson, fue a Medellín de intercambio y allí continuó con la práctica. Al regresar a Cali, siguió el juego. En 2002 participaron en su primer torneo sin uniformes ni nombre y con números puestos con aerosol. No hubo muy buenos resultados, pero eso los inspiró para trabajar más duro.

Cuando Daniel se retiró, Jorge Mario tomó el liderazgo junto a otros compañeros repitiendo lo que Daniel había enseñado. Con el tiempo y el intercambio con otros grupos, aprendieron nuevos ejercicios y estrategias pero seguían jugando sin mayor planificación. Pasó el tiempo, llegaron y se fueron personas, hasta que Jorge y su esposa Carolina López quedaron como líderes del deporte en la ciudad.

Por otro lado, un grupo de mujeres de Univalle practicaba Rugby desde 2002. Una estudiante de Licenciatura en Educación Física llegó al deporte por casualidad cuando el mismo Daniel la invitó al equipo.  Aunque en un principio, Carolina vio mucha informalidad y no entró del todo en el deporte, terminó involucrándose y llegó a asociarlo con los trabajos de las asignaturas de su carrera. El equipo, Máratas, ya existía y era la representación de la universidad. Por mucho tiempo, fueron el único equipo femenino en el valle con las dificultades que implica tener una escuadra femenina de un deporte de contacto y “masculino”.

Para el 2006, Daniel, que aunque no entrenaba, aportaba ideas, dijo que era necesario formar clubes y una liga. Registró a Sultanes, el primer club. Luego, pidieron a los estudiantes universitarios del equipo que difundieran esa semilla en varias universidades. Así, para el 2008 ya había equipos en tres universidades además de Sultanes, el de los que no eran estudiantes. Organizaron los primeros torneos locales en 2009 y el rugby siguió creciendo.

Para 2008 llegó una nueva generación de jugadores al rugby colombiano, jóvenes que dieron un nuevo aire al deporte. De allí, construyeron una Federación. Para eso, se necesitaban tres ligas, ya existían la de Antioquia y la Bogotá, y el Valle, Santander y el eje cafetero también estaban en fila. En Cali se fundaron varios clubes para crear esa liga y finalmente hacia 2010 se fundó la federación con las ligas del Valle, Antioquia, Santander, Bogotá y Risaralda.

El liderazgo de Jorge Mario y Carolina en la liga terminó en 2014, y  no fue una experiencia grata para ellos por las presiones y discusiones internas, cuestiones de deseo de poder de personas que, según ellos, ponen sus ansias por encima del deporte, llegando incluso a crear una suerte de ligas alternas irregulares y prohibir a sus jugadores representar al Departamento en juegos locales, regionales o nacionales sin importar la imagen que puedan dar de la liga.

Hacia 2012, Máratas dejaron de ser el equipo oficial de la Universidad, y se creó Lobas como equipo de la institución, dejando a Máratas como equipo independiente, junto a otras escuadras que ya existían. Al principio, Carolina tuvo que empezar de cero. El equipo empezó a recibir  principalmente niños y niñas, dando un nuevo aire al deporte y la vida misma de la pareja.  Tras los juegos mundiales de 2013 en Cali, el Rugby se popularizó y a los equipos llegaron nuevos participantes. Con el tiempo, los niños empezaron a ser entrenados por Jorge Mario en Sultanes y las niñas siguieron con Carolina en Máratas.

La fundación “De menos a más” en 2016 invitó a los equipos a mostrar los valores que crea el rugby en la comunidad de Polvorines, ubicada en el Alto Meléndez, Comuna 18 de Cali. Un barrio azotado por la violencia que, según datos de la Alcaldía de Cali, está compuesto principalmente por los estratos 1 y 2 (95% de las manzanas). Allí, tras el primer encuentro, se sembró una semilla que germinó a medida que volvían a visitar la comunidad par a jugar con ellos, hasta que varios residentes del sector terminaron involucrándose en los equipos.

En ambos equipos ha sido clave la visión de los entrenadores y los jugadores hacia la comunidad, en la que no importan las diferencias económicas a la hora de tratarse y jugar. Para Jorge Mario, es clave el trato horizontal con la comunidad, sin establecer diferencias entre jugadores, entendiendo que cada quién tiene sus condiciones y situación, pero que no por eso unos son más o menos que otros. Carolina tenía la ventaja de conocer el sector previamente por cuestiones laborales, lo que le permitió acercarse a la comunidad sin miedo, con plena consciencia de que lo que los niños quieren es jugar, y de que el rugby es para todos, sin importar la edad, condición física o género, y mucho menos, condición social: en la cancha y a la hora de jugar, son iguales.

El impacto en la vida de los muchachos ha sido importante. Si bien, no hay un resultado tangible aún, saben que el rugby transmite valores de compañerismo y autoestima. En efecto, han entrenado ya a jóvenes que llegaron estando en malos pasos o con excesiva timidez, para lograr que corrijan su camino, valoren su vida y amen el deporte, llegando incluso a convertirse en jugadores élite. Lo cierto es que han presentado en el Rugby una opción para aprovechar el tiempo libre, de salir de una realidad negativa para tener un espacio de motivación, ejercicio, aprendizaje de valores y creación por medio del deporte, y construir así una realidad diferente gracias a lo que se aprendió en la cancha trascendiendo su realidad tanto externa como interna.

Y así, a punta de caer cuando se levantan, los miembros de Máratas y Sultanes, tanto jugadores como entrenadores, han aprendido a seguir adelante. El rugby puede cambiar a la gente, salvarlos de una realidad negativa, de un sistema de valores y una vida que, aunque no sea mala, carece de ambiciones y pasión. Tal como a Jorge Mario y a Carolina los salvó permitiéndoles una vida que aunque ha requerido sacrificios, les ha permitido jugar el deporte que los apasiona, escapar de la monotonía y encontrar su propia libertad.

Imágenes cortesía de los clubes

                                 

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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