Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

@mauromoreno83

En la tarde-noche de la ciudad de Bogotá, algunos parques son sede de una actividad aparentemente barbárica: Tanto hombres como mujeres se golpean con todo el cuerpo buscando atrapar una suerte de huevo de cuero. Cuando cambia de manos, vuelven a formarse y empieza nuevamente la guachafita, intentando llevar el huevito de un extremo al otro del campo. Lo que la gente no sabe es que estos muchachos hacen todo menos desorden, son practicantes de un rico y complejo juego: el Rugby, un deporte practicado por estudiantes, odontólogos, abogados… personas normales con una pasión en común.

El rugby se empezó a jugar en Colombia hace ya varios años, cuando algunos inmigrantes se reunían para practicar. Luego, se unieron algunos colombianos y se empezaron a formar clubes. Esta tradición empezó a heredarse por los universitarios, quienes conformaron equipos dentro de sus instituciones, y decidieron continuar con el juego después de graduarse, conformando así clubs agrupados en la liga. Las mujeres empezaron a organizarse hace unos 20 años, pero el proyecto no duró mucho y hasta apenas hace 10 años se volvieron a conformar equipos. Hoy en día, prácticamente cada club tiene un equipo femenino y la inclusión de las mujeres en el deporte no ha sido complicada, al menos no por prejuicios del deporte. Actualmente, hay en Bogotá 7 equipos de rugby femenino. Para jugarlo es importante tener un buen estado físico, protección bucal, y tener al día los papeles de seguridad y salud. También es necesaria la autorización de los padres en el caso de los menores de edad para poder jugar los partidos. Aunque haya menos lesiones que en otros deportes de contacto, es importante prevenirlas, porque pasan.

Las diferencias entre el rugby masculino y femenino radican en un par de reglas que buscan proteger las anatomías de cada sexo en su especificidad, y además el manejo del cabello largo (que puede aplicar a cualquiera).  Es un deporte de contacto muy fuerte, por lo que es importante saber golpear y saber protegerse. Paradójicamente, no tiene tantas lesiones como su hermano, el fútbol americano, cuya diferencia básica son las protecciones impuestas por el presidente Truman en Estados Unidos. Estas protecciones lograron que el jugador de Fútbol Americano dejara de preocuparse por su humanidad y la de su competidor, por lo que se ha hecho más fuerte y brutal. El rugby, por el contrario, exige el cuidado del cuerpo del otro ante su desprotección.

Y este cuidado del otro, en el caso del rugby, lo convierte en un juego muy particular. Aunque sea una competencia de contacto, el factor principal del juego es el respeto. Es por ese valor por el que se juega un “tercer tiempo”, en el que los competidores (no rivales) asisten a una cena organizada por el equipo anfitrión, en la que se conocen y la pasan bien en el caso de los partidos de otras ciudades o países. El rugby crea valores como el trabajo en equipo, el compañerismo y ayuda a crear familiaridad no sólo entre los miembros del equipo, sino también con los equipos rivales. Por eso es que los antiguos jugadores hoy en día se encargan de los asuntos legales y de promoción del deporte, pues los jugadores tienen un tiempo de juego de unos pocos años (¡el cuerpo no puede soportar tanto castigo!), pero su pasión los lleva a querer permanecer vinculados a la liga de alguna manera.

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Otro valor fomentado por este deporte es el respeto. A pesar de ser un deporte visto como salvaje y bestial, se fundamenta en el respeto tanto por el cuerpo de los demás y el propio, como por las reglas. La única voz permitida en el campo es la del Referee, cuyas decisiones no se discuten. Su posición lo pone por encima de los jugadores y es tratado con esa dignidad. Así mismo, se enseña a ver al contrincante como una persona, y después del juego cada equipo agradece a sus contrarios por ese tiempo de entrega y esfuerzo, sin importar el resultado.

Pero las cosas no son tan sencillas de puertas para afuera. Las mujeres, en particular, son señaladas por los prejuicios machistas que dicen que no son aptas para jugar un deporte de contacto y menos si es tradicionalmente masculino. En ese sentido, no pueden simplemente llegar a ofrecer el deporte en un colegio y buscar que niños y niñas participen sin que los padres y directivos se alteren. Pero en general, se les llama la atención por los golpes recibidos (y dados) y la rudeza del juego. A eso se suma la falta de difusión y de espacios para practicar, pues deben compartir el espacio con los equipos de fútbol, sin tener listas las demarcaciones que necesitan para su trabajo. Y aunque pueden tener espacios para la práctica, en ocasiones son poco sencillos de conseguir.

Pero el rugby es algo que va en la sangre, que se siente diferente al practicarlo y que no es igual a otros deportes. Su nivel de exigencia y el permanente reto con uno mismo hacen que el rugby sea especial para sus practicantes. El rugby es para todos, pero no todos son para el rugby, es un deporte que se juega con el corazón, pero requiere actitud y aptitud para lograr las condiciones físicas necesarias de agilidad y fuerza para la práctica. Los practicantes no son gordos desdentados y las practicantes pueden ser muy rudas en el campo de juego, pero afuera son mujeres que aunque sean tenaces, son completamente femeninas y normales, al punto que nadie adivinaría su afición por este deporte.

Pero por ahora, Las anónimas y los anónimos seguirán creciendo, buscando ganar, por supuesto, pero sobre todo competir para que su pasión llegue más lejos. Competir y hacer amigos, retarse y encontrarse en el campo de juego para lograr sacar lo mejor de sí mismos…  no sólo en la cancha, porque el Rugby no es deporte ni juego, sino una pasión que enseña a vivir y se convierte pronto en una forma de vida.

Para conocer más, visita:

Federación Colombiana de Rugby http://fecorugby.co/

Para contactar a Anónimas y Anónimos anonimosrugby@hotmail.com

Fotografías proveídas por Anónimas y anónimos Rugby Club. Reproducidas bajo autorización.

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