Revista El Muro

 

 

Por: Bibiana Rueda

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Dormía mucho, me cansaba, estaba estudiando y no soportaba la universidad, la comida me caía mal y no hallaba algo con lo que me sintiera completamente a gusto. A veces pasaba mucho tiempo leyendo, viendo series o pensando, no me preocupaba el dinero, ni tener trabajo, ni comprarme un yate ni estar buena, me declaré anedónica frente a eso, me parecía (y aún me parece) hasta tonto el cuento de las posesiones, el avión y los perfumes. Realmente no sabía que estaba ocurriendo en mí.

Me levantaba en las mañanas  recordando sueños tan absolutamente significativos que por muchos minutos debía volver sobre ellos delicadamente, sentía que todo era una red, que recibía información a diario pero no la entendía o no sabía cómo entenderla, me perdí y no supe a qué hora. Todo pasó tan rápido… me decía: “son tres meses nada más, pero estoy vivindo en China y haciendo lo que en Colombia traté tantas veces y no fluyó. Vivo relajada, tengo tiempo para lo que amo y no me preocupo, ¿qué es lo que pasa? ¿De donde proviene esa sensación entonces?”

Finalmente, luego de la ayuda del infinito universo, de mi pareja y algo de introspección me senté a llorar y deduje que era un ataque de pánico, estaba miedosa, mi ego tenía miedo a morir, me daba miedo no ser la misma de antes,  me asustaba la idea de dejar atrás ir una cantidad de pasado que volvía una y otra vez a mi mente en calma para recordarme (o suplicarme) que no me soltara, que esa no era yo.

 semorir

“me libero de cargar con etiquetas que nada tiene que ver con mi ser luminoso”.

Foto: Archivo.

 

Ahora entiendo con Amor y entrega que debo morir, llegó la hora de despedirme, de dejar atrás, de liberarme, la que fui me permite vivir este hermoso ahora, pero me cansé de cargar lo que no me corresponde, lo que ya se esfumó.

Con amor y dedicación estoy planeando la muerte de mi ego herido, lo voy a soltar, que se vaya, que se lleve logros, pesares, pasado, egoísmos, rencores, anhelos y terrores infantiles, que se cargue a su lecho de muerte el susto que me da transmutar, que se lleve dolencias absurdas, demandas sociales, “deberías”, “tendrías”, mi juez interior, preguntas incesantemente tontas de la mente, la pereza y el miedo de tomar acción.

Sé morir, sé morir a lo que era, a lo que fui, a lo que ya no soy, me des-identifico de la personalidad y me libero de cargar con etiquetas que nada tiene que ver con mi ser luminoso. Sé morir, lloraré seguramente, pondré una vela y pediré a mi antigua yo que transmute, que se vaya, que deje un gran vacío que solo quiero llenar con amor universal.

Sé morir a mi ego y jubilosamente consciente celebro su muerte, ¡lo que paradójicamente me permitirá vivir en libertad!

 

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