Revista El Muro

 

Por: Ale Serna

Estaba con mi novia en una de las salas de cine de la ciudad. Nos encanta el cine, por eso tratamos de asistir cada viernes al respectivo estreno. La película estaba muy entretenida, la expectativa generada semanas y meses antes había valido la pena.

8:40 pm. Mi teléfono celular comenzó a vibrar, por fortuna lo había puesto en modo de silencio. No contesté, en total fueron cuatro llamadas del editor de uno de los periódicos para los que escribo. Mi pasión es escribir; para algunos diarios y revistas lo hago gratis, es lo que me gusta; otros me pagan con dinero o publicidad, de cualquier forma lo disfruto.

8:50 pm. Recibí un mensaje de texto del editor, me contó que una de las columnistas no había alcanzado a terminar su artículo y me pidió el favor de escribir algo rápido, simplemente para cubrir ese espacio. Si bien me encanta escribir, es muy complicado hacerlo por encargo y a contrarreloj. Escribir no es solo tratar de poner unas palabras coordinadamente. Escribir es pensar, transpirar, respetar al lector, agradecer al lector por compartir su tiempo con uno.

 9:00 pm. Le enseñé el mensaje a mi novia pero no hice nada más, ella tampoco dijo nada. La película estaba en su mejor momento, debía enviar el artículo antes de las 12 pm, hora en que se cierra la edición. No sabía qué escribir.

10:00 pm. Terminó la película y salimos.

—¿Qué vas a escribir? —preguntó ella.

—No lo sé, no tengo nada preparado.

Fuimos a un restaurante cercano. Nos encanta conocer nuevos sitios, en especial restaurantes de comida internacional. Tenía mi libreta de apuntes sobre la mesa, sin embargo, no había escrito nada. Solo me limité a hablar con ella, a verla sonreír, a escucharle sus quehaceres, a veces sin sentido para mí. Disfruto eso, disfruto su compañía, así como disfruto el cine, los restaurantes y la vida.

11:00 pm. La cena acabó, ya estaban cerrando el establecimiento, y yo no había escrito una sola palabra. Mi compromiso con el editor estaba llegando a su límite de tiempo. Nos sentamos en un andén cerca de una avenida principal, nos encanta hacer eso, ver pasar la gente y hablar; cada persona que pasa está dando lo mejor de sí. Nos sentamos callados, porque a veces nos encanta el silencio, nos conocemos tan bien que incluso muchas veces las palabras sobran.

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11:10 pm. Ella me miró e hizo la pregunta del millón:

—¿Qué piensas?

—Nada —respondí.

Guardé silencio unos segundos, la miré fijamente y le dije:

—Pienso que te amo, pienso que soy feliz aquí y ahora, contigo o sin ti, porque estoy haciendo mi mejor esfuerzo y estoy tratando de vivir la vida que pienso que es para mí.

Ella me miró sorprendida, mi tranquilidad en ese momento era absoluta. No necesitaba decir nada más. Se puso de pie rápidamente y me extendió la mano para ayudarme a enderezar. Caminamos rumbo a casa, necesitaba escribir.

11:20 pm. Se escuchó un estruendo, un auto a alta velocidad había perdido el control. Venía directo contra un montón de gente que caminaba por la acera. Ahí estábamos nosotros, ahí estaba mi novia, ahí estaba yo, ahí estaba mi necesidad de escribir.

11:50 pm. Me encuentro en uno de los hospitales de la ciudad. Hace frío, pienso que todos los hospitales son fríos. Envié el artículo al editor, espero que aún esté a tiempo de publicarlo; de no ser así, espero que podamos publicarlo en otra parte, en muchos diarios y revistas, en las redes sociales, en cualquier lugar, que quede al alcance de todos. Quiero que mucha gente lo lea para pedirles dos favores:

1) Si usted es de los que piensa que aún necesita licor para sentirse bien, por favor no haga cosas que no podría hacer sin sus seis sentidos. Si usted no se respeta, al menos trate de respetar a su familia y sus amigos, o respete a unos simples desconocidos que están a su rededor, tratando también de ser felices.

2) Por favor, viva su presente, haga lo que le gusta hacer, diga lo que le gusta decir, piense lo que le gusta pensar, viva lo que le gusta vivir. Usted no sabe cuándo dejará este mundo, usted no sabe si las personas que quiere estarán mañana. Diga y haga las cosas ya. Gracias a todos los lectores por compartir conmigo su presente.

Un último favor: cuando este artículo llegue a su punto final, sea feliz.

Ilustraciones: Alejandro Henao (@MrVenao)

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