Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno

director@elmuro.net.co

@mauromoreno83

 

Las tardes de sábado, frente a la Biblioteca Virgilio Barco de Bogotá, podemos encontrar una actividad que rápidamente gana adeptos entre los jóvenes de la ciudad: el Soft Combat. Este deporte aparece como una alternativa inspirada en la esgrima antigua y sus reglas. En Bogotá, una de las entidades que lo promocionan es la Comunidad Speculum, entidad sin ánimo de lucro que se ha encargado de difundir la cultura del Soft Combat y están trabajando para convertirlo en un deporte reconocido en el país. Esta práctica llegó a Medellín hace unos nueve años, y la Comunidad Speculum se encargó de traer estas actividades en Bogotá para dar a los jóvenes una actividad alternativa, divertida y económica para ocupar sus tardes de sábado.

A lo lejos, como ellos mismos lo dicen, parecen “un grupo de chinos dándose palazos”. Sin embargo, la práctica del Soft Combat es ordenada, abierta e incluyente, ya que los participantes deben seguir procedimientos de acondicionamiento físico y preparación técnica, reglamentos y procedimientos preparados por deportistas profesionales bajo rigurosas normas de seguridad. El objetivo del Soft Combat es enfrentar a un oponente usando armas de goma y espuma, teniendo cuidado de no atacar áreas sensibles del cuerpo tales como la cara. Así mismo, está completamente prohibido realizar ataques físicos sin las armas, previniendo que haya enfrentamientos a puño o patada en el grupo. Por eso, no es un deporte que promueva la violencia, sino que por el contrario es una forma de aprender a controlar tus impulsos, relajarte y dejar salir la violencia y la ira sin que sean el motor principal de la actividad.

Contrario a lo que se podría pensar, el Soft Combat es una práctica muy incluyente: la Comunidad Speculum tiene entre sus participantes a personas entre los 13 y los 50 años, puesto que los padres de muchos participantes terminan siendo seducidos por la diversión del juego en el que participan sus hijos. Así mismo, no establece diferencias de género ni de raza, sino que está abierto para cualquier persona que quiera practicar esgrima con armas medievales y hacer una actividad alternativa durante las tardes de los sábados. Niños, niñas, hombres y mujeres pueden participar en este deporte seguro y que resulta bastante divertido.

Omar nos muestra el arma con la que participará en el torneo. Fuente: archivo.

El Soft Combat, además, genera valores: no es simplemente agarrar a espadazos a otra persona, sino que inculca respeto, compañerismo, autorregulación, autoestima y autodisciplina. Los combates no se hacen entre rivales, sino entre amigos. En ese mismo espíritu, Speculum facilita a los participantes las armas para el combate, elementos de fabricación artesanal y casera cuyo costo se oscila entre los 20.000 o 30.000 pesos para fabricar la espada más simple. Pero ese consto sólo necesita pagarlo quien quiera fabricar su propia arma, ya que la comunidad misma se encarga de facilitar a los participantes todos los elementos necesarios para entrar en combate. La idea de este deporte no es la creación de un grupo cerrado, sino la creación de comunidades de juego y entrenamiento, y por eso se dan todas las facilidades posibles a quienes quieran participar, incluyendo equipamiento y entrenamiento. Como dicen los directores de la comunidad, lo único  necesario es llevar ropa cómoda.

Puede uno preguntarse: ¿Qué lleva a la gente a enfrentarse con espadas en pleno siglo XXI? Para Angie, de 18 años, tener un deporte alternativo en el que haya reglas y en el que importa más la práctica en sí misma, el juego, que la competencia. Por su parte, Fernando -de 35 años- se siente atraído por el ambiente de comunidad, el ejercicio y la adrenalina que despierta. Víctor, de 22, se siente feliz de poder participar de una actividad física que los enfrente de manera clásica y “medieval”, casi que como en un videojuego. Leidy y Jimena (17 y 21) coinciden en lo que en últimas atrae a todos los participantes a los prados de la biblioteca durante los fines de semana: Es muy divertido y relajante.

Es innegable que muy poco común encontrar grupos de personas blandiendo espadas y corriendo por el prado de una biblioteca. Pero más allá de las opiniones, estos muchachos han construido una comunidad donde todos se ayudan y apoyan. Tal vez este sentimiento de grupo es lo que hace que los participantes con los que conversé se sientan unidos, apoyados y seguros, sin importar la posible estigmatización de quienes los observan en su camino a la biblioteca. Después de todo, como nos dijo Fernando, “es raro andar blandiendo espadas, pero hay gente más rara”. Y a la larga, como nos dijo Víctor, “La vida es de uno y no de las personas que lo están mirando, si uno siente pena por blandir una espada… llegará el momento en que se arrepentirá de haber vivido así, y eso es algo muy triste”.

Para mayor información sobre la Comunidad Speculum, visítalos en http://goo.gl/glrdz

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