Revista El Muro

 

Por: Alvaro Vanegas

@alvaroescribe

Ante todo, debo aclarar que no soy experto en comics ni nada que se le parezca, veo estas  películas de superhéroes desde la perspectiva de cualquier mortal, sin saber si se están respetando las historias originales.

Dicho esto, les cuento que la película es divertida, pero no pasa de eso. Es más, tiene varios lunares que solo son eclipsados por efectos especiales dignos de cualquier película de presupuesto estratosférico y, claro está, por el rostro perfecto de Emma Stone. ¿Cómo hace esta mujer para parecer una adolescente en una película, pero en otra verse como una mujer madura que lucha por los derechos de los negros? No me lo explico. Pero insisto, ese rostro, además de perfecto, es camaleónico.

En 2012, la gente de Sony decidió volver a empezar con Spider-Man. Me atrevería a decir que esperando algo parecido a lo que pasó con Batman, pero, aunque la taquilla sigue siendo gigantesca, está claro que el fenómeno de masas que generó Nolan con el murciélago está muy, pero muy lejos, tanto en ingresos como en calidad. No obstante, muchos caímos, y de nuevo, después de haber visto tres películas protagonizadas por Tobie Maguire y la siempre angustiada Kirsten Dunst, ahora volvemos a la salas a ver a Andrew Garfiled, a quien claramente el personaje le queda grande, con su peinadito de Johnny Bravo y su actitud insolente prefabricada. Para superhéroes insolentes ya está Ironman.

La historia es más compleja de lo que debería, y da la impresión de que a Marc Webb, el director, se le salió de las manos. El guión tiene varios momentos infantiles, repletos de chistes de los que se ven en las sitcoms de Disney Channel. El malo de la película es un cliché por definición, sus motivaciones son resueltas con diálogos, sufre una transformación de persona “normal” a super villano demasiado abrupta y dicha transformación se ve venir desde el primer plano que le hacen al actor. Me sigo preguntando qué fue lo que hizo que Jamie Foxx aceptara ese papel que incluye risa idiota y pantalón saltacharcos. Supongo que la respuesta es muy sencilla: un maletín lleno de dinero. (Sé que lo del maletín es cliché, pero me encanta).

El final es bueno, eso sí. Totalmente inesperado, por lo menos para mí. Una película que obviamente está dirigida a un público menor de veinte años, suele terminar en que todos son felices y comen perdices, pero no, esta no. Aunque no deja de ser parecido al clímax de la tercera entrega de la saga anterior. El epílogo es necesario, tienen que seguir facturando, pero entonces entra de nuevo Garfield con su actitud insolente a tratar de convencernos de que, de un momento a otro, volvió a ser el mismo, a pesar de la enorme pérdida que acaba de sufrir. No sé ustedes, pero yo no me como ese cuento y repito, con la irreverencia de Ironman basta y sobra. No deja uno de imaginarse a Spider-Man golpeando en la puerta de “Los Vengadores”, rogando por un espacio. Medio patético el asunto.

Imagen reproducida desde REVISTAVICIO.COM

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