Revista El Muro

 

Por: Mauricio Moreno y Memo Grigori

director@elmuro.net.co

@mauromoreno83

 

Hay un sonido que identifica a toda una comunidad cuyos miembros rara vez se identifican al  verse en la calle. Un incesante zumbido  que recuerda un momento de placer y dolor: El sonido de una aguja que  incansablemente penetra la piel miles de veces por minuto. Un  sonido que pasa desapercibido para muchos, y para otros recuerda el día en que decidimos empoderarnos de nuestro cuerpo y transformarlo decorándolo por siempre, ya sea para recordar algo especial, comprometernos con algo, o simplemente por gusto: el día que decidimos hacernos un tatuaje.

El tatuaje es una forma de narrar y representar en el cuerpo algo importante para ti. Una muestra estética y una forma de transformar la naturaleza propia y adornarse de manera no acostumbrada. Los hay para exhibir y los hay para esconder, pero es mucho más que una forma de mostrar agresividad y o presentarse como un segregado o el miembro de un grupo en especial: es una de las formas de empoderamiento estético sobre el cuerpo. No es algo nuevo, es una tradición milenaria, un dolor que antes era para tipos rudos, y que ahora nos gusta sentir a muchísimos sin distinción de género, raza o credo. Y que además se vuelve adictivo para el que tatúa y para el tatuador, que aprende a gozar modificando el cuerpo del otro y acompañándolo en el cambio.

Hacerse un tatuaje no es cualquier cosa: tiene riesgos. Ante todo, la salud. Primero y muy importante, hay que cerciorarse de que el tatuador cambie los elementos desechables de su máquina y esterilice los no intercambiables. Segundo, es importante tener una edad donde la piel esté madura, es decir, mínimo 18 años (preferiblemente 25) para que la piel no sea tan elástica y se pueda hacer un mejor trabajo. Tercero, el estado de ánimo debe ser positivo y no irascible. Y por último, es completamente contraproducente haber consumido alcohol o drogas antes del tatuaje: el nivel de sensibilidad y concentración disminuye, poniendo en riesgo el trabajo. Y los cuidados más importantes vienen después del tatuaje: mantener la obra ventilada y limpia mientras cicatriza, humectarla y mantenerla aseada, evitando sudar por un tiempo para que no se alteren los tonos. Y como con cualquier recuperación médica, es importantísimo evitar el trago y las drogas tras el tatuaje, porque un tatuaje es una herida controlada y el mayor peligro es una infección que resulta prevenible con simple sentido común.

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Así mismo, es importante elegir bien el motivo. No es importante que el tatuaje tenga un sentido, nos una a un grupo o signifique algo más allá de un gusto, pero es muy importante que elijamos un tatuaje estético, y no es recomendable tatuarse cosas que pueden cambiar (como el nombre de la novia o el novio): Hay que recordar que el amor eterno dura toda la vida, pero un tatuaje dura seis meses más. Así mismo, al elegir al tatuador es importante confiar en el voz a voz antes que en las mismas tiendas, e ir con tatuadores con nombre y book, antes que a tiendas con varios tatuadores, de los cuales muchos pueden carecer de experiencia, o incluso, haber falsificado su catálogo.

No es paranoia, simplemente es que estamos poniendo la piel en manos de otra persona, y arriesgándonos a cometer un error que es muy doloroso y costoso arreglar. No es que sea malo ir a las tiendas de tatuaje, sino que eso no garantiza que el trabajo sea mejor que el de un tatuador independiente y por eso es mejor ir a lo seguro con algún artista conocido. Hemos sido testigos de tatuajes que se decoloran, infectan o son simplemente mediocres, por las malas recomendaciones de tatuadores novatos que trabajan en tiendas, o que incluso trabajan sobre la piel de borrachos o personas drogadas, así como tatuajes realizados por independientes con calidad impecable. Elegir al artista es tan importante como elegir la obra correcta, y en ese caso el costo no garantiza la calidad del trabajo.

Lo otro que hay que enfrentar es que, aunque cada día es menos, aún hay discriminación contra las personas tatuadas. Muchos no llevamos de manera visible nuestros tatuajes porque sabemos que la sociedad nos va a ver como “maleantes”, cuando los tatuados somos personas perfectamente normales que decidimos marcar nuestros cuerpos con algo que nos gusta y amamos (yo, Mauricio el director de la revista, tengo los logos empresariales de El Muro, entre otras cosas). Pero la sociedad aún no entiende eso y considera al tatuado una especie de criminal y enfermo mental, antes que a alguien con una concepción artística diferente. Así, ejecutivos, presidiarios, intelectuales, amas de casa, madres y padres de familia son juzgados tontamente por la sociedad, ya que no se concibe al tatuaje como la forma de arte que es, sino como una señal de desequilibrio mental.

Pero aun así, y más allá de prejuicios ridículos, esta controversial modificación corporal es llevada con orgullo por millones de personas completamente normales en el mundo, a las cuales nos une el amor por ese zumbido, y el placer que sólo se encuentra en ese dolorcito que produce la máquina cuando  marca por siempre nuestra piel.

Para ver el trabajo de Memo y contactarlo, visítalo en Facebook https://www.facebook.com/memo.grigori?fref=ts

Fotografías: Mauricio Moreno. Ambas obras son trabajo de Memo, con diseño de Nathalia Torres.

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