Revista El Muro

 

Por: María José Hernández

 

Cuando se acaba una relación de pareja, y en especial cuando esa relación termina de forma unilateral y usted no fue la parte que quiso darle fin, es normal que se sumerja en un dolor punzante que se puede convertir en depresión y otros problemas psicológicos, y es normal también que piense, así sea el más positivo del mundo, que no va a olvidar a esa persona, quien mágicamente, el día después de romperle el corazón, se convierte en un ser lleno de virtudes y sin falla alguna, algo así como un dios del Olimpo.

Todo mal tiene su cura y si usted sigue unos pasos básicos, va a salir de ese trago amargo en un tiempo prudente, porque recuperarse de una tusa es igualito a recuperarse de una cirugía, por ejemplo, de apendicitis.

El apéndice es una parte del cuerpo que no tiene función alguna, solo está en su cuerpo y allí llegan ciertos residuos que lo van llenando poco a poco. Cuando se llena puede estallar causando una infección en su organismo llamada peritonitis. Igualito que una pareja, se cansa de usted, explota y si no se libera de ella a tiempo, lo deja vuelto nada.

 

Cuando a alguien le da apendicitis siente un fuerte dolor, comparable al que usted podría sentir cuando se da cuenta que lo cachoniaron o que ya no lo aman. El enfermo es atendido de urgencias y su apéndice es retirado mediante una cirugía después de la que viene un proceso de recuperación, que aunque dicen que dura una semana, es bien largo.

Primera semana:

La primera semana usted no podrá hacer mucha actividad física, no podrá comer todo lo que come normalmente y tendrá que guardar reposo en su cama. Cuando esté entusado, piense lo mismo, es claro que a usted no le van a dar ni cinco de ganas de hacer nada y la comida no le va a pasar así se obligue, así que esa semana quédese en su cama, déjese consentir de su familia y sus amigos y póngase a ver películas, no se preocupe por su alimentación ni nada, dese esa semana para echarse a la pena.

En esa semana usted puede cometer ciertos errores, ponerse de saltarín, caminante, andar por ahí como si nada, no guardar reposo, o irse a tomar trago o a tener sexo con alguien; sin embargo, como está recuperándose de una cirugía, la herida se le va a abrir, se le va a infectar, le va a dar vómito, mareo, se va a empeorar. Es igual con la tusa: si usted no acepta su pérdida, no acepta ese dolor y simplemente se pone a vivir como si nada, esa represión de sentimientos le va a hacer daño; además, si se pone a tomar, lo más seguro es que llame a su ex y termine aún peor, y si se acuesta con alguien, ese alguien va a ver que usted está herido y ni usted ni la otra persona van a pasar un buen momento.  

Segunda semana:

En esta semana usted va a presentar mucho dolor, pero ya le habrán quitado los puntos de su herida, por lo tanto, tiene que pararse de la cama e intentar seguir con su vida normal. Le puede dar mucha pereza, muchísimo dolor, va a seguir sin ganas de comer, pero se tiene que obligar. Y en la tusa, lo mismo: no se puede echar a la pena toda la vida, tiene que obligarse a comer, a salir, a hacer sus actividades diarias, y si puede meterse en otras que cultiven su alma y su cuerpo, mucho mejor. Ir a un cine club o a algún curso de algo que le guste lo puede ayudar a distraerse y a conocer gente nueva, uno nunca sabe, puede que por ahí conozca “el amor de su vida” (bueno, si cree en eso del amor de la vida, está jodido). En esta semana y las dos o tres venideras, la palabra de oro es “OBLIGARSE”; intente seguir su vida normal.

 

 

Cuarta semana y meses venideros

Durante este tiempo usted va a experimentar ciertos dolores y molestias que poco a poco van a ir disminuyendo y claro está, va a estar muy pendiente de su cicatriz, mirándola a diario y pensando: “¡Ay no, ya se me dañó el cuerpo!”, “Paila el bikini que estaba pensando comprar”, “Qué chamba tan fea”. Se la va a estar tocando, mostrándosela a todo el mundo, lavándola y molestándola, y ella va a seguir ahí, rosadita, latiente y molesta. En su proceso de tusa, de igual manera, usted va a experimentar dolores, gracias a esos recuerdos molestos que se le vienen a la cabeza. Canciones como el Himno Nacional le van a aguar los ojos, le va a contar a toda la gente el momento tan feo por el que está pasando, todos los días va a pensar en ese dolor que está viviendo. Pero si usted se quiere, va a dar el siguiente paso, que se vive más o menos, si se quiere, a los tres meses.

3 meses

Aquí, gracias al paso del mayor aliado y a la vez enemigo del hombre, el tiempo, usted va a empezar a ver otras cosas de su vida, va a dejar de enfocarse en esa cicatriz. Ya se resignó a que la va a tener de por vida, así que deja de toqueteársela, de mirársela, de mostrársela a todo el mundo, y cada día le pone menos cuidado. Deja pasar el tiempo y cuando se la mira, se da cuenta que ya está tomando el color de su piel, que ya no se ve tan fea, que hace parte de usted, que casi no se nota. Así con la tusa: ya deje ese tema de lado, resígnese, esa persona que lo hirió, cachoneó y dejó tirado ya no va a regresar nunca, ese dolor que usted cargó durante un buen tiempo va a dejar una marca en usted, va a ser más fuerte, más maduro, va a conocerse más, y la cicatriz que va a quedar, será la marca de una batalla que le ganó a la vida.

 

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María José Hernández es una escritora invitada a la revista

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