Revista El Muro

Por: Alvaro Vanegas

@alvaroescribe

 

Hay una arrogancia oculta en esto de dedicarse a cualquier rama del arte. Si cantas es porque quieres que te escuchen, si pintas es porque pretendes que miren tus cuadros y los disfruten, si eres cineasta es que te atreves a pensar que el público pagará para ver tu película, si escribes quieres que te lean y te confirmen lo bien que lo haces. Por supuesto, hay muchos que se vanaglorian de hacer “arte para sí mismos” y se les llena la boca diciendo que no les importa el reconocimiento, que lo hacen “porque no encuentran otra manera de expresarse” o cursilerías por el estilo.

Mierda, solo eso.
Esto constituye una arrogancia peor, pues mezcla el convencimiento de que su obra no podrá ser entendida por cualquier mortal, con una fragilidad de ego que evidencia una fobia patológica al rechazo.
Pero no quiero entrar en polémicas, no por ahora. Sé que iniciar un blog hablando de mi propia experiencia como aspirante a escritor no es muy original, pero ¿qué le vamos a hacer? La originalidad es una utopía.
Vivo con miedo, esa es la verdad, en esas tres palabras está contenido mi diario vivir. Miedo a que no me lean, a que me lean una vez y nunca más lo vuelvan a hacer. Miedo a escribir páginas y páginas repletas de palabras que después no sirvan para nada. Miedo a que un día se me acaben las ideas. Miedo a que, en realidad, no sirva para esto. Miedo a que me acusen de misógino, racista, homofóbico o pervertido sexual por culpa de mis personajes. Pánico absoluto a perder a mi familia por culpa de esta obsesión que hasta ahora no me ha hecho millonario como se los prometí. Miedo a encontrar uno de mis libros tirado en cualquier esquina, vendiéndose por dos mil pesos. Miedo a que el demonio venga a reclamarme por dejarlo tan mal parado en mi primera novela. Miedo a usar demasiados adverbios, a que se pase poner una puta tilde. Miedo a que jamás me lean en otro idioma. Miedo a encontrarme con un escritor o escritora muy reconocido y no tener la más mínima idea de quién es, a que todos se den cuenta de que en realidad soy un idiota igual o peor que cualquier otro. Miedo a conocer mi verdadero precio. Miedo a volverme loco. Miedo, en fin, a casi todo lo que implica esto de pretender convertirse en un escritor de verdad.  ¿Qué tal si por llevar tanto tiempo soñando con lo mismo, cuando por fin lo consiga ni siquiera lo note? No exagero cuando digo lo siguiente: es francamente agotador.
Por eso le tengo pánico a esto de crear un blog, porque será una manera muy sencilla de medir mi alcance como escritor. Porque aunque ya sé que existen unas cuantas personas que disfrutan de lo que escribo cuando se trata de narrativa, no tengo idea de cuántos quieran saber qué opino sobre cualquier tema. En otras palabras, tengo miedo, porque estoy muerto de miedo. El círculo vicioso, la eterna tautología en la que me sumergí cuando decidí que no quiero hacer nada con mi vida, aparte de estar codo a codo con la mujer que amo, comer hamburguesas, ver muchas películas, leer miles de libros, de vez en cuando pasar saliva mientras veo una foto de Scarlett Johansson, y, por supuesto, escribir.Pero no vayan a arrancar a darme sermones. Tengo muy claro que el miedo no sirve de nada, que es como un enorme grano en la punta de tu nariz, es mejor no tocarlo porque empeorará si lo haces y te va a joder la vida por un tiempo, pero, eventualmente, desaparecerá. Así que me la paso haciéndole el quite a todos los miedos que me asaltan, a todas las taras que intentan agobiarme, consciente de que si me dejo invadir, estaré perdido.
Creo que solo me queda contarles qué van a encontrar a lo largo de este blog. Es muy simple, alternaré mi opinión sobre temas diversos, desde la política en mi país hasta mi decisión de no tener hijos, con escritos cortos de ficción, la mayor parte de terror. Hablaré de lo que me gusta, pero más que todo de lo que no me gusta, y me quejaré, eso sí, y bastante. Eso es todo, no es mucho, pero  es, por ahora, lo que hay.
Procuraré alimentar esto por lo menos una vez a la semana, pero no prometo nada. Una de las tantas razones por las cuales decidí convertirme en escritor, es que odio hacer las cosas por obligación.

Espero que hayan disfrutado de toda la basura que acabo de escribir y de la que se viene. Pero como dije antes, no prometo nada.  

Reproducido bajo autorización del autor desde http://inodoroapestoso.blogspot.com/2013_09_01_archive.html

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