Revista El Muro

Hablamos con el Maestro Jorge Velosa, padre de la Carranga, sobre su historia, visión y música. 

Por: Mauricio Moreno

@mauromoreno83

Ráquira es un pueblo bonito, de casitas coloridas y personas amables. Situado a tan sólo unas horas de Bogotá, es conocido por sus cerámicas y por ser la cuna de Jorge Velosa, máximo exponente y creador de la Carranga, un género musical que nació en los años 70, y llegó a conquistar los oídos y pies de todo un país.

 Reconocido por subirse al escenario siempre de sombrero y ruana (un poncho de lana virgen, para quienes nos leen desde otras latitudes), Jorge Velosa es conversador, lleno de dichos e historias. Con una increíble gentileza pero a la vez con el fuerte carácter del campesino boyaquito (como le gusta ser llamado), fundó los Carrangueros de Ráquira, luego cantó con los Hermanos Torres y actualmente lidera Velosa y los Carrangueros, donde comparte el escenario con Jorge González V. (requinto), José fernando Rivas (guitarra) y Manuel Cortés González (tiple). Con estas tres agrupaciones ha creado 20 álbumes y ha puesto a bailar a un país entero.

 La carranga, por su parte, ya es concebida como un género musical que se ha propagado por Colombia, básicamente porque en su alegría refleja la vida y el sentir del campesino. El nombre es derivado del primer grupo de Velosa, quienes bautizaron a su grupo con una palabra tan atrevida como llamarse hoy en día “Sangre Picha” o “La Pestilencia”, pues tradicionalmente la palabra “carranguero” designa en Boyacá a quien recoge los animales moribundos, prepara su carne y la deja lista para la venta. La música carranguera, para no extenderme, es alegría, diversión, jolgorio y libertad.

 

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Velosa y los carrangueros

Pero, ¿qué decir sobre Jorge Velosa, cuando tanto se ha dicho durante estos años? ¿Vale la pena recordar que se le perdió una cucharita, la cual hoy en día se encuentra en el corazón de cada colombiano? ¿Vale la pena recordar que fueron los primeros colombianos en presentarse en el Madison Square Garden? ¿O acaso recordar que antes de esa presentación, la limosina no los quiso recoger por estar en ruana y sombrero? Incluso, ¿vale la pena recordar que dos especies de rana fueron nombradas en su honor? ¿O que varias tesis de grado universitarias se escribieron acerca de su obra? ¿O vale la pena recordar que la carranga ya se toca en las orquestas sinfónicas?

 Claro que vale la pena recordar todo eso, pero se ha recordado tanto en otros medios, que preferimos conocer al hombre y al artista tras esas historias. Compartimos con ustedes la entrevista al Maestro Velosa:

 

El Muro: La carranga, hoy por hoy, se escucha en el norte, sur, oriente y occidente de Colombia. ¿Qué se siente al ser el creador, gestor y promotor de lo que hoy ya es un género musical y que está en el corazón de todos los colombianos?

Jorge Velosa: Esas bonituras que usted dice han sido hechas entre muchos;  yo soy uno de ellos, tal vez el más  afiebrado. De todos modos, siento una inmensa gratitud con la vida por haberme permitido esa intermediación y también una gran responsabilidad, que a ratos me la endilgan y a ratos me la echo solo.

E. M ¿Qué siente cuando advierte su influencia sobre tantos grupos de músicos  que recogen la tradición cultural colombiana? (No solo sobre quienes componen carranga).

J. V: Más alegría y más responsabilidad; es como sentir cálidamente el deber de cuidar algo de todos y, a la vez, liberarme de ese deber a la hora de componer, cantar, divertir y gozarme lo que me queda, y lo que generosamente me dan.

E. M: Usted dice que con o sin usted la carranga sigue, hecho que confirman  los músicos jóvenes que han recibido su ascendiente. Pero, ¿cómo hacer para que las músicas tradicionales colombianas, no solo la carranga, no se pierdan en el olvido?

J. V: Sobre eso hay bastante “partitura por escribir”, por no decir que mucha tela que cortar. Es tarea de muchos, creadores, difusores, queredores, profesores, escritores y escribidores, y muchos más “ores”, como soñadores, pero, en últimas, debería ser también “una política de Estado”.

E. M : En la actualidad, cuando muchos hacen música con el bolsillo y no con el corazón, ¿vale la pena hacerla por amor, aunque el camino sea difícil? ¿Por qué?

J. V: Creo que, en general, hay que hacer buena música, así sea por el bolsillo o por el estómago, y mucho mejor si hay “querencia”  de por medio, como en toda actividad. Que ¿por qué? Pues el cariño se siente hasta con el paladar en un caldo de papa, y para ello no hay un “amorómetro”; para eso hay un corazón invisible, que da y que recibe, que pone y quita, que acerca o aleja, mejor dicho… no sé cómo más decirlo, pero existe, y cuanto más enriquecido esté de bonituras ese corazón, más elementos tiene para hacer su papel.

E. M: ¿Cómo se inspira para componer?

J. V: Mi respuesta sigue siendo la misma de siempre: en los  “pálpitos” que me provocan las cotidianidades de la vida.

E. M: ¿Por qué apelar a lo verde, al campesino, a lo rural y a lo tradicional en un país que cada día se interesa más por el cemento y se encierra más en Internet?

J. V: No solo apelar a esas, sino a muchas otras viandas, como pensar, caminar, disentir, crear, descansar, vagar, gozar, etc., porque sin ello, ¿qué razón tiene la existencia?

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Jorge Velosa, el carranguero Mayor

E. M: ¿Por qué cantarle a la alegría, si cada día parece que es más poca?

J. V: Esa pregunta es muy compleja. Hace poco dije en una charla que nosotros Los Carrangueros tenemos “muchas canciones tristes, pero alegres”, desde La Cucharita en adelante. Decretar la alegría, así sea cantando, de pronto produce el efecto contrario. A lo mejor, lo que hay que hacer es propiciar, crear las condiciones, para que uno pueda libremente expresar sus estados de ánimo, incluida la alegría, o para que pueda hacer libremente un tránsito entre ellos.

E. M: ¿Y por qué apostarle a la paz en Colombia cuando cada día parece más lejana?

J. V: Ayayay… Usted me pregunta unas cosas que son como para sociólogos, ociólogos, politólogos, pensólogos…, en fin. ¡Qué no se ha dicho sobre la paz, cuánto no se ha pregonado, quién no la quiere!, y siempre del plato a la boca, se cae la sopa. Lo que pasa es que con la misma “pe” de paz se escribe pan, y mientras vivir sea vivir, vivir del dolor ajeno, la vida no será vida, y el cielo no será cielo.

E. M: ¿Y por qué cantar a los niños?

R. Creo que la mejor respuesta se encuentra en los textos de las canciones que publicamos para ellos, y que están contenidas en la grabación titulada Lero lero candelero, que hace como diez años salió al mercado, y es hoy día un valioso material de apoyo didáctico-musical, y una gran herramienta de jolgorio y gozadera.

E. M: ¿Qué cree haber logrado tras todos estos años de trabajo?

J.V: Dicho está, y lo subrayo: la contentura de haber contribuido a que exista la música carranguera, y ojalá por largo rato.

E. M: ¿Qué apoyo ha recibido?

J.V: Mucho de la gente que de distintas maneras se ha “apropiado” de lo que hemos pregonado a través del tiempo, y a mediagua por parte de quienes tienen que velar por lo que somos y debemos ser, pero eso no es solo con nosotros, eso tristemente es la vara con que a muchos nos miden y nos han medido.

E. M: ¿Qué críticas ha recibido?

J.V: También las hay y ha habido, y bienvenidas cuando no son venenosas. Una, por ejemplo, que soy muy garletas, pero a otros les gusta mi verbo; otra, que no me gustan las fotos o que por qué no me río cuando de ellas se trata.

E. M: ¿Durante su camino ha hecho lo que ha querido? 

J.V: Parte…, para todo lo demás me queda la eternidad, y a lo mejor no me alcance.

E. M: ¿Es feliz?

J.V: Creo que sí, pero con sus distintas tonalidades, como todo el mundo. Lástima no estar vivo para cuando inventen el “felicidómetro”.

E. M: ¿De dónde saca tanta alegría para componer?

J.V: Vea usted que hay cosas que puedo hacer, pero que no las puedo describir ni menos definir o ubicar. Es algo así como tener algo, pero no saber que se tiene. De pronto, uno de los ingredientes es la sinceridad; otro, las querencias; y otro, que me gusta “juglar” con el verbo y los sonsonetes.

E. M: ¿Algún mensaje a las personas que quieren intentar algún proyecto cualquiera (ya sea una banda de carranga o de rock o de merengue, o algún deporte raro o alguna afición…) y no lo hacen por pereza, miedo o cualquier excusa de las que uno siempre saca para no emprender?

J.V: También siempre a ello contesto, y sigue siendo válido, que mis mensajes están en los textos de nuestras canciones y uno que otro escrito, y que ponerme a echar carreta sobre ello es redundante, algo así como llover sobre lo mojado. Entonces, los invito a que las escuchen y analicen, a que lean algo de lo que anda por ahí rodando, y muy seguramente encontrarán más de un mensaje en sus entresijos.

Para terminar, compartimos este video de Velosa y los Carrangueros: El Rey Pobre.

 

 


Fotografías: Carlos Lema. Reproducdas bajo autorización explícita de Jorge Velosa.

Video propiedad de Velosa y los Carrangueros y de MTM. Reproducido bajo autorización explícita de Jorge Velosa.

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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