Revista El Muro

 

Por: David González

@Ekpirk21

Todos nos hemos resentido por algo que nos hicieron. Un amigo, una pareja o un conocido nos hirieron y eso generó en nosotros ira hacia ellos. Es normal que queramos vengarnos, hacer que quien nos hirió sufra por eso. A veces nuestra respuesta es un ataque directo, mediante palabras o incluso físicamente en los casos más extremos. En otras ocasiones, sin embargo, la venganza ocurre de manera sutil, tanto que a veces ni nosotros mismos nos damos cuenta de que nos estamos vengando. Una respuesta fría a un saludo, una mirada de fastidio, un silencio, una llamada no devuelta, un dato que podríamos haber compartido pero preferimos no hacerlo.

Pero, ¿por qué nos vengamos realmente? ¿Qué buscamos obtener? Algunos hablan de “sacarse una espina”. Es como si creyéramos que atacando —castigando— a quienes nos hieren pudiéramos aliviar el dolor que nos causaron. Ahora bien, ¿es esta una estrategia exitosa?, ¿realmente aliviamos nuestro dolor mediante la venganza?

Puede que momentáneamente nos sintamos aliviados al vengarnos, pero a la larga esto solo trae más dolor, y en el fondo la herida permanecerá hasta que perdonemos. Porque perdonar, en últimas, es igual a sanar. Es sanar completamente la herida y dejarle ver a la otra persona que estamos sanos.

Por tanto, para perdonar no basta con decirle a la persona que la perdonamos; se trata de algo que ocurre dentro de nosotros. Mientras la herida esté abierta, esto es, mientras siga vivo un dolor dentro de nosotros por el que culpamos a alguien más, necesariamente nos sentiremos resentidos.

A veces la herida que nos causaron es tan grande que parece demasiado difícil perdonar. En esos casos nos preguntamos incluso si debemos perdonar, o a veces de entrada asumimos que la falta fue muy grande y no puede ser perdonada. Sin embargo, aunque es natural que reaccionemos así, y muchas veces lo hacemos, si miramos más profundo nos daremos cuenta de que se trata de una forma demente de ver las cosas.

perdon

Imagina que alguien tiene una herida muy grande en una pierna y le sugieres que vaya al médico, pero esa persona te responde: “No, esta es una herida tan grande que me niego a sanarla”. Seguramente te parecería que la persona no sabe lo que dice, pues entre más grande la herida, más grande la necesidad de sanarla.

Por supuesto, en el caso del perdón esto es difícil, pues implica ir dentro de nosotros y hacernos responsables por nuestro dolor, y muchas veces es más sencillo no mirarlo de frente y aliviarlo temporalmente mediante la venganza. Pero es importante recordar que queremos estar bien, y que perdonar es necesario para estar bien.

Es importante aclarar que perdonar no implica que queramos estar cerca de la otra persona. A veces lo mejor que podemos hacer por nosotros es alejarnos de alguien. Perdonar no se trata de algo que sucede fuera de nosotros, se trata de cómo nos sentimos en lo más profundo. Podemos perdonar y elegir apartarnos. Pero entonces nos vamos sin heridas ni resentimientos.

Es como si fuéramos caminando y viéramos un perro con rabia en la mitad del camino. Por supuesto que cambiamos de dirección o incluso nos devolvemos, pues sabemos que de lo contrario nos haremos daño. Pero no nos vamos cargando al animal dentro de nosotros con ira. Ni sentimos que el perro debe sufrir por estar enfermo y representar un peligro. Podemos irnos completamente sanos por dentro, sin ningún resentimiento hacia el animal, y deseando que sane pronto y esté bien.

Otras veces, sin embargo, tras el perdón volveremos a querer que esa persona esté en nuestra vida, y esto es algo que seguramente todos hemos experimentado.

Pero ¿cómo perdonar?, ¿cómo sanar la herida interna, especialmente cuando esta es muy grande? Mientras se tenga la intención genuina de sanar, cada quien encontrará su camino. A algunos quizás les ayude ir al gimnasio, para mover mediante el ejercicio toda la rabia que guardan dentro; a otros tal vez les ayude ir a la iglesia, o a un grupo de ayuda. Otros tal vez simplemente sanen al ir profundo y ver de cerca el dolor, y puede que a otros les ayude ir a un psicólogo. El método no es importante, siempre y cuando nos lleve a estar sanos, al igual que no interesa el tipo de medicina que tomemos, siempre y cuando le sirva a nuestro cuerpo.

Muchas veces es difícil, pero en el fondo todos sabemos que sí queremos perdonar, pues en el fondo todos queremos estar sanos para volver a conectarnos con ese amor que yace adentro, y que queda nublado cuando cargamos resentimientos.

Ilustración por: Alejandro Henao (@mrvenao)

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