Revista El Muro

 

 

Por: David González

 

Vas caminando por la calle después de la lluvia. Tienes afán. Te diriges para una reunión importante y quieres que todo salga perfecto; llevas puesto tu mejor vestido. De repente, un carro pasa a toda velocidad sobre un charco y quedas empapado. Tu traje se ha embarrado y te queda poco tiempo para llegar a tu compromiso; esos son hechos, no puedes cambiarlos por más que quieras, no eres mago. Sin embargo, tienes aún un gran poder: quizás no puedas evitar sentir rabia o frustración, pero de ti depende abrazar y usar esa situación para crecer o convertirte en víctima de ella.

 

Pero, ¿cuál es la diferencia entre una víctima y un creador? Bueno, lo principal es que el creador asume responsabilidad por su felicidad, mientras que la víctima le asigna esa responsabilidad a alguien o algo por fuera de sí misma. En otras palabras, el creador sabe que su bienestar depende de sus elecciones y de su actitud frente a la vida; la víctima, en cambio, ha entregado las llaves de su felicidad, la cual está a merced de la suerte, del destino, de lo que hagan o piensen los demás, e incluso del clima. En un hermoso artículo, la maestra espiritual Isha habla sobre estas diferencias y sobre la importancia de tomar responsabilidad por la propia felicidad.

 

Es importante resaltar que adoptar una actitud de creador no implica negar la realidad. No se trata de afirmar “me siento bien con lo que está pasando” cuando en realidad no es así. Por el contrario, se trata de mirar qué es lo que realmente sentimos y de hacernos responsables de ello. Si tengo rabia, bueno, pues ahí está. Pero ¿qué voy a hacer con ella? ¿Voy a ir profundo para ver de dónde sale, para conocerme mejor y para sanar, o voy a buscar afuera un culpable a quien castigar?

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Tampoco se trata de “echarnos” la culpa a nosotros mismos y decir “qué malo soy, todo esto me está pasando porque me lo merezco”. No, no se trata de castigarnos ni de distorsionar los hechos. La responsabilidad principal es sobre nuestra felicidad, no sobre los hechos externos –aunque estos dependen de nuestra actitud y de nuestros estados mentales más de los que muchos se imaginan–. Vale la pena volver al ejemplo inicial para entender esto mejor.

 

Íbamos caminando y un carro pasó sobre un charco y nos mojó. Puede que tengamos parte de responsabilidad en ello. Puede que no estuviéramos pendientes de lo que estaba pasando a nuestro alrededor, y por ir pensando en alguna fantasía o en la película que vimos ayer, no hubiéramos visto el carro que se acercaba. Pero puede que hayamos estado atentos y que hayamos actuado de la mejor forma posible, y que aún así el carro nos haya echado el agua encima. Puede que, en efecto, lo sucedido sea culpa del conductor, por imprudente o desconsiderado. De nosotros depende, sin embargo, empezar a maldecir y guardar con rencor en nuestra mente la imagen del conductor el resto del día, o buscar la manera de solucionar nuestro problema y, en caso de no poder, sentir nuestras emociones, dejarlas ir y buscar la felicidad dentro de nosotros.

Buscar la felicidad adentro: eso es ser totalmente responsables; eso es reconocer que en nuestras manos están las llaves de nuestra felicidad. Buscar la felicidad afuera: eso es en últimas lo que caracteriza a las víctimas; eso es regalarle las llaves de la felicidad al alguien o algo más, y eso nos lleva a la impotencia, pues nuestro bienestar empieza a depender de cosas que no podemos controlar, como lo que los demás hagan o como el clima. No podemos evitar que llueva. Tampoco tenemos poder para erradicar a los conductores imprudentes de un momento para otro. Eso es lo que hay. Pero podemos aprender a ser felices en esa situación; y a pesar de que nuestra entrevista sea un fracaso, la experiencia en general puede ser un gran éxito, una aventura de descubrimiento. Quizás necesitábamos aprender a reírnos de nosotros mismos, y allí la vida nos está dando la oportunidad. Ser creadores es decirle “sí” a la vida y dejar que nos enseñe lo que necesitamos; es abrirnos a la posibilidad de que los empaques de los tesoros no sean como nos los imaginábamos.

 

Imagen central tomada bajo licencia creative commons de

http://www.flickr.com/photos/kaibara/2545331599/sizes/o/in/photostream/

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