Revista El Muro

Te presentamos “Vidas al borde”, la nueva puesta en escena de la compañía “El Clan” que ya está en temporada en la sala Rubén Di Pietro

Por: Mauricio Moreno

@mauromoreno83

Uno de los mejores montajes a los que he tenido el gusto y el honor de asistir es “Vidas al borde”, una puesta en escena con guión de Alvaro Vanegas dirigida por Alejandro Aguilar e interpretada por los actores de la compañía El Clan, la cual nace, como dice Aguilar, “por la necesidad de tener con quién hacerse preguntas. La fundamos con Mateo Stivel… siempre tuve el sueño de tener un grupo de actores con el que pueda conspirar. Para mí El Clan es un grupo de gente de distintas escuelas que está dispuesta a hacerse preguntas”.  La obra cuenta con las actuaciones de Alejandra Chamorro, Catherine French, Jennifer Arenas, David Páez, Juan Fernando Sánchez, Diego Peláez, Hugo Archila y los  actores invitados  Laura Di Pietro, Juliana García  y Javier Buitrago pertenecientes a la compañía residente de la sala Rubén Di Pietro. La producción ejecutiva es de Ana Karina Soto, la asesoría de texto de  Rubén Di Pietro,  la dirección de arte de Ana Maria Gaitán y el diseño de luces y sonido de Luis Carlos Pinzón.

La obra se desarrolla en el cumpleaños de un escritor fracasado, al que llegan una rockstar en decadencia con su esposo egomaniaco y homofóbico, un amigo homosexual y una prima alcohólica. Entre los vinos y los chistes pasivo-agresivos, salen a flote las verdades y miserias del grupo en una trama con un denso contenido psicológico. En palabras de Catherine French, una de las actrices que encarna el papel de Silvia, “La obra básicamente es la reunión de un grupo de amigos… Básicamente lo que hacen es borde-2encontrarse y sacar todos sus demonios y oscuridades, esa parte tanatológica que llevamos dentro y que muy pocas veces realmente  sacamos a flote. Ese tipo de situaciones o de circunstancias se dan solamente cuando te llevan al borde… Básicamente los pones a todos en una situación en la que les dices: “Di la verdad, quién eres, qué eres”, preguntas que nos hacemos todos en algún momento de nuestras vidas, y acá lo que hacen todos los personajes es sacar toda esa mierda que llevan dentro”.

La obra, en efecto, pone al espectador frente a frente con la miseria humana. En una charla privada, Vanegas, el guionista, nos decía que le sorprende ver cómo nos reímos de esa miseria incluso en líneas que él no escribió con el ánimo de que sonaran graciosas, y que entre más miserable fuera la cosa, más nos reíamos. El autor, reconocido por su humor negro, escribió un  guion pensado para que el espectador se ría mientras se encuentra con lo más bajo de su propia humanidad reflejada en la del otro. Es una aventura sensorial y del pensamiento que invita a la reflexión en líneas que aunque obligan a pensar, son ágiles, divertidas e ingeniosas.

 La obra, en sus dos temporadas (una más bien privada y ahora una abierta al público) se ha caracterizado por utilizar espacios no convencionales. Mientras la primera era en un apartamento y usaba los recursos espaciales de la cocina y la sala, esta nueva obra se ambienta  en un escenario central en el que se desarrolla parte de la trama y sobre una tarima que obliga a los actores a estar literalmente al borde, y que está rodeado completamente por el público, forzando a los actores a estar prácticamente desnudos, sin paredes que los defiendan, sino con ojos mirándolos todo el tiempo alrededor. Y aunque frecuentemente hablan con el público, es difícil decir que rompan la cuarta pared… porque no hay paredes. Así, “Vidas al borde” es un montaje que aunque bien podría pensarse en un espacio clásico de teatro, se dirige en espacios distintos al del teatro tradicional.bord3

Otra diferencia importante del teatro tradicional con “Vidas al borde” está en el uso de las luces, que pasan a jugar un papel fundamental en el desarrollo de la trama. En pocas palabras, el trabajo de dirección, escenografía y producción es completamente destacable. Eso, apoyado en el sólido guion de Vanegas, permiten la creación de una obra que interactúa con el público (incluso aunque la audiencia no se de cuenta) y que replantea, tal vez “sin querer queriendo”, lo que la mayoría sabemos sobre el teatro y apuesta por nuevos tipos de dramaturgia encarnados en la sangre joven que está en escena y tras ella. Es una nueva forma de narrar historias tan bien lograda que no se lleva más que aplausos.

Pero tanto talento tras escena no agota la obra. Aunque el grupo de actores es bastante numeroso, pues la compañía El Clan se unió a la compañía del teatro, las actuaciones del grupo que abrió el estreno de Vidas al borde fue sencillamente espectacular. Varios tienen recorrido en otros lenguajes actorales, tales como la televisión, pero han elegido unirse para crear esta obra  porque como dice Chamorro “El teatro es del actor como tal… si no nos auto producimos, aprendemos a contar lo que nosotros creemos y dejamos de trabajar para las ideas de los demás, siempre va a ser un ciclo en el que trabajas para la idea de alguien más, te vuelves infiel a tu discurso y te conviertes en un trabajador más. Va mucho más allá, es ser fiel al propósito por el que empiezas una carrera artística”.

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Y en efecto, se nota el amor por lo que hacen y las ganas de actuar y arriesgarse con otro tipo de lenguaje llegando a presentar actuaciones impecables. Y ese amor fue correspondido por un público que, a pesar de estrenar un jueves, llenó por completo y hasta desbordó la cantidad de sillas del teatro, salió fascinado de todos los aspectos de la obra y se desvivió en halagos con los actores y equipo. La experiencia y calidad del trabajo se nota a simple vista en un montaje en el que se ven las ganas del equipo.

Es difícil criticar una obra que he visto dos veces y en ambas ocasiones me ha dejado boquiabierto. Hay errores, sí, pero pequeños. Algunos malentendidos menores del libreto en su reescritura y los cambios que ha tenido por la colaboración de los actores. Y aunque es inevitable comparar ambas temporadas y juzgar diciendo “de esta me gustó más tal cosa”, pienso guardarme esas apreciaciones (que por demás son nimias) y dejar a los espectadores disfrutar de uno de los que sin duda es de los montajes más interesantes del año en medio de la primavera teatral que está viviendo el país. Si me desvivo en halagos es porque me gustó tanto que pienso verla un par de veces más, mirando nuevas perspectivas y ángulos  para tener muchas más veces esta gran experiencia sensorial, cada vez desde un nuevo punto de vista.

En resumen: no se la pierdan. Punto.

Pata: creo que las sillas menos emocionantes son las de los invitados especiales.  Es mejor no ser especial y vivir la cosa de frente. Cuando vean la sala me van a entender.

Vidas al borde estará en temporada del 24 de septiembre al  31 de octubre en el teatro  de cámara  Rubén Di Pietro. Puedes encontrar más información acá

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