Revista El Muro

 Por: Memo Grigori Mi esperanza en el movimiento Metalero estaba en su punto máximo de inflexión, evolucionando hacia el desdén por su escena cada vez más ñera, menos comprometida con la evolución y apoyo digno a sus músicos, para que éstos evolucionen y crezcan como artistas, y con el apoyo a los productores para que salgan de bares y fracasos económicos.

Porque debo ser sincero, el problema del Metal es el metalero, la escena, cada vez más barrista, más ñera, menos identificable como cultura. La enorme contraparte de un movimiento muy comprometido, tolerante hacia el camino mismo que escogió por su amor a dicho género y sus desventuras y penas, movimiento muy activo con festivales en cada localidad, cantidades de bandas de trayectoria unas y otras en sus primeros y, en tristes ocasiones, efímeros pasos, pero que tiene como contrapeso una escena que le pesa llevar a cuestas, porque el metal en Colombia, digámoslo de una vez por todas, no ha sido la escena: ha sido los bares, los importadores, los radiodifusores, los productores, los muchos y muy talentosos músicos, quienes han tenido que lidiar con una escena exigente, grosera, desagradecida, inconsciente y sin plata. Es como tener un incómodo huésped en casa que no da ni plata y para colmo exige. Es triste, pero cierto.

Aun así gracias al esfuerzo de un movimiento y las muchas personas que lo hacen cada vez más longevo y vital, el primer día de Rock al Parque es un cuasi bastión latinoamericano para la cultura del Metal, un día entero y en muchas ocasiones más de una tarima sólo para éste increíble género musical.

 

 

 Gracias al mismo esfuerzo de muchas de esas personas y como una suerte de regalo muy merecido tuve la fortuna de ir a ver una de mis primeras y más favoritas bandas, Cannibal Corpse con quienes tuve lo que puede llamarse amor eterno y a primera vista ya hace 25. Amor aún vigente, el cual me llevó a dejar muchas cosas sólo por ir a verlos en vivo, pero claro, con el valor agregado de poder asistir al V.I.P, y ver a otra gran agrupación la cual también cumplía 25 años, Masacre, la más colombianas de las colombianas, desafortunadamente hoy dejada a un lado en lo que parece un alzheimer del metal, pocos cantan sus canciones, pocos los identifican, la escena es joven, evoluciona cada vez más y en ese proceso deja atrás. Una de las mejores voces de todos los tiempos en nuestra escena, música que me transporta a mi adolescencia que le berrea a un país con impotencia, acusándole por sus grandes “olas de violencia”, por sus “brutales masacres” señalando a su “ramera justicia” , pero no a la escena se le olvido eso, y se le olvido de forma cruel, asimiló la violencia como quien ve dibujos animados, puso en el centro de su interés el futbol, el misticismo de creencias ajenas falaces y estúpidas, y se enfrascó en pequeñas guerras entre subgéneros.

Y es así como dentro de V.I.P. encontré un lugar más digno, con gente que ha construido el metal… ¡¡¡construyéndolo!!! Nadie me hizo quitar las botas y las medias para caminar casi 100 metros a una inmunda requisa, nadie me despojo de mi correa ni de mis monedas. ni cigarrillos y encendedores, sólo vi a dos bachilleres muy amables quienes me saludaron y requisaron mi maleta casi a petición mía (pude llevar maleta y sombrilla) y me dieron la bienvenida y sin separarme de mi acompañante. Salvadas todas las comodidades de ambiente, ubicación, excelente sonido la cercanía con las bandas, creo que encontré un lugar en Metal, más cómodo y más digno, uno desde el cual, como músico y miembro de un movimiento siento a gusto y me motiva a seguir trabajando por él, así sea para cargar a cuestas una escena que pasa por un casi eterno mal momento, pero que algún día sabrá dar al movimiento lo que se merece y necesita para seguir creciendo.

Ahora es claro para mí que hay un camino, que Rock al Parque no necesita más críticas, sino más apoyo a todos sus géneros, antes de que siga siendo catapulta para nuevos productos y servicios, somos nosotros los llamados a mantenerlo, perpetuarlo, llevarlo por buen camino, y no es mala idea incluso cobrar, al menos una tarifa corta y significativa o al menos para algunos pocos y significativos miembros dentro del movimiento.

Dicho esto la experiencia musical desprendida de todas las consabidas incomodidades fue increíble, excelente sonido y calidad de las bandas, no solo de las legendarias y extranjeras, puesto que las nacionales lo hicieron muy bien, la organización al menos para los que estuvimos en aquella zona fue genial, como un parcero más en un lugar en el que te tratan como gente, como amigo.

Memo es un escritor invitado a la revista

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