Revista El Muro

Hablamos con el productor Daniel Badí Rinaldi sobre la canción Vuelo al reino”, una cumbia con profundos contenidos espirituales.

Entrevista por: Mauricio Moreno

@mauromoreno83

La tradición en la que vivimos ve la muerte como el final de un camino, la terminación, la despedida y la tristeza. Sin embargo, ¿puede pensarse que la muerte se tome de manera diferente? ¿Puede llegar a verse la muerte como un momento de celebración, de alegría? Esta fue la idea de la señora Enidia Rinaldi, quien unos meses antes de fallecer, mostró a su hijo, el productor Daniel Badí Rinaldi su canción “Vuelo al reino”, una cumbia acerca de este momento final. Hablamos con Daniel, que nos contó la historia y la visión espiritual detrás de la canción, que por demás, se enmarca en la fe Bahá’í, la segunda religión independiente más grande del mundo y que existe desde hace poco más de un siglo y medio.

El Muro: ¿Cómo nace Vuelo al Reino?

Daniel Badi: En febrero de 2016, mi mamá fue diagnosticada con cáncer del páncreas. Estaba en Atrlanta y fui a visitarla, y un día salimos a un parque donde había un parque y nos sentamos junto a un lago. Estábamos meditando, orando, disfrutando el momento juntos. Empezamos a hablar  y me dijo que hace 19 años había compuesto una canción sobre la vida después de la muerte, que era una cumbia compuesta un tiempo después de la muerte de mi hermana, pues sentía que la muerte no es algo para estar tristes, sino una transición a una nueva vida. Vamos a estar tristes porque extrañamosa la persona, pero es algo diferente.

La inspiración viene de varias citas de los escritos Bahá’í, en particular una que dice algo como “he hecho de la muerte una mensajera de alegría, ¿por qué te entristeces?” Con esa inspiración creó la canción. Escribió la letra y tenía una melodía básica. Me dijo “no la he terminado, quiero que tú la termines y que la cante mi amiga Leonor Dely”. Le mandé a Leonor la letra y sintió honor de que su amiga le diera este proyecto. Por e-mail lo fuimos trabajando, Leonor grabó un borrador, alteró algo la letra… ya en octubre mi mamá escuchó el borrador y le gustó bastante, aunque es diferente de lo que está.

Mi meta era terminar la canción antes de que ella muriera, lógicamente no sabía cuando iba a pasar, pero tenía ese deseo. No alcanzamos, no tenía la energía mental para el proyecto porque estaba enfocado en ella, además Leonor se enfermó y no podía trabajar mucho. Cuando mi mamá murió, sentí que al fin podía terminar.

E.M. ¿Con quién más trabajaste?

D.B.: Contraté a Andrea Diaz que me ayudó con la composición y los arreglos, le dio ese toque de cumbia y reunió a los músicos. Teníamos dos gaitas, alegre, llamador, tambora… y como la letra menciona arpas, pensé en meterle una llanera, por lo que es un tema angelical… aunque no es parte de la cumbia, pensé en meterla a ver qué pasaba.

Ya en febrero terminamos la canción. Ensayamos en la casa de Andrea con los instrumentos básicos y sólo el último día ensayamos con el arpa, pero no  escuchábamos nada, no sabíamos cómo iba a sonar. Hasta el día de la grabación, después de grabar lo demás, grabamos el arpa. Quedamos con la boca abierta, aterrados de lo bonito que sonaba y la forma en que todo se fue juntando.

E.M: ¿Cómo fue el proceso de grabación?

D.B: No quería que fuera un día normal para los músicos. Ellos no conocieron a mi mamá, yo no los conocía mucho tampoco, pero quería que se conectaran con la canción y el proyecto. El día de la grabación nos unimos en un círculo para orar. Yo dije una oración y Leonor otra, ella nos unió con un canto bellísimo y eso nos dio impulso. También pedí a los músicos traer fotografías de familiares o seres queridos que hubiesen fallecido, y en el videoclip se ven esas fotos. Era un recordatorio de que aunque fuera un homenaje a mi mamá, no es exclusivamente para ella, pues ella quería que fuera un homenaje a las almas que han fallecido. Y los músicos así lo sintieron, estaban agradecidos por la experiencia.

E.M: ¿Cómo se consiguieron los fondos?

D.B.: Hice un proyecto de Kickstarter y nos fue muy bien, recaudamos más de lo que necesitábamos. Fue suficiente para pagarle a todos los músicos, estudio, mezcla, transporte… tuvimos que comprar gaitas, se hicieron gaitas especiales para la canción. Todo el tiempo ensayamos en La Menor, creo, porque Andrea Díaz estaba haciendo los arreglos de acuerdo con su voz. Pero cuando cantó Leonor, le quedaba muy alto y tuvimos que bajarlo a Sol Menor. Pero el gaitero no sabía qué hacer, ningún gaitero en Bogotá o la costa tenía el instrumento en ese tono. Para ese tono las hacen de metal, es muy largo, lo doblan y queda casi como una trompeta. El gaitero decidió hacerlas en cardón y menos mal los gaiteros eran altos y de manos largas y alcanzaron. ¡Son únicas!

Lo chévere de recaudar es que es una oportunidad de vincular a la gente y hacerle saber que si no fuera por ellos, este proyecto no podría avanzar. Le dio otro espíritu al proyecto,  ya no era un proyecto mío sino de todo el grupo de contribuyentes.

E.M. ¿Cómo fue la producción del video?

D.B. Después de grabar la canción, mezclamos, masterizamos y publicamos en Bandcamp.com para descarga gratuita. Después de un tiempo, tenía la visión de hacer el video con lo que se filmó el día de la grabación. Pero vi el material y pensé que todo estaba bonito, pero podía ser aún más bonito: Quería bailarinas bailando la cumbia. Un colombiano no tiene que ver otro baile de cumbia, lo ve todo el tiempo. Pero un extranjero, para que sepa qué es cumbia, necesita ver el baile, el traje, la alegría… ver sólo a los músicos es chévere, pero falta el baile, porque es una parte muy importante de la cumbia.

Quería grabar en el Cauca, pero no se dio. Un día estábamos conociéndonos mi esposa y yo con los dueños del jardín de nuestra hija, hablando. Descubrimos que son bailarines de música folclórica, les conté del proyecto y me dijeron que les encantaría. Reunieron a los bailarines que conocen y lo hicimos. Grabamos en el desierto de Sabrinsky, y fue un proceso similar al de los músicos. Les expliqué el contexto del proyecto y todos fueron muy entregados, sin conocernos a mi mamá o a mí, dieron toda su alma. Grabamos toda la tarde, ellos con ampollas y todo, pero le pusieron mucho amor.

E.M. ¿De qué habla la canción?

D.B.: Es bien metafórica y hay muchas analogías, pero dice que cuando uno trasciende y nace a la vida espiritual es una celebración. De que cuando un alma llega a la otra vida es como una fiesta, una celebración, todos están bailando, dándole la bienvenida, tocando arpas y tambores, un coro cantando… una celebración. Habla de un camino de luciérnagas que te guía… no es para interpretar de manera literal. El proyecto fue una forma de conectarme con mi madre y mi hermana que murió cuando era niño. La canción ha sido una herramienta, la he compartido con personas que han perdido o van a perder seres queridos y les ayuda mucho.

E.M. Muchos ven con malos ojos que se incluyan contenidos espirituales en la música, como en el Rock cristiano. ¿Por qué hablar de estos temas en la canción?

D.B. Creo que es falta de coherencia cuando se piensa que no se puede meter la espiritualidad en la música. En muchas culturas, no se separaban originalmente. No soy musicólogo, pero si se estudia la música, estaba muy ligada a lo espiritual. En el tiempo se ha ido separando, y ahora se ve como extraño, o al menos tiene su categoría: si es algo espiritual, se dice que es música cristiana. Pero si se estudian músicas del oriente, indígenas, africanas… en la cultura africana, de donde tenemos raíces y la cumbia tiene raíces de allá, indígenas y españolas. En la cultura africana, cuando alguien muere, uno ve tambores, personas bailando y cantando. La música está ligada a momentos como ese, lo mismo en las celebraciones y ritos de américa. Lo veo muy conectado.

E.M. Y esa inclusión de temas espirituales no puede resultar excluyendo

D.B. No queríamos que la canción fuera explícitamente Bahá’í. Hay quien categoriza y se siente desconectado. Creo que no se dice la palabra Dios, hace referencia en otros términos. Es para recordar que somos seres espirituales en este mundo material. Al igual que el embrión está en el mundo de la matriz, está conectado a esta tierra, escucha y tiene ciertas percepciones, pero es un gran misterio. No sabe para qué está desarrollando sus órganos, todo le llega por el cordón umbilical. Pero al nacer, hay un momento de sacrificio y dolor, pero es bello, y en este mundo se da cuenta de para qué son sus órganos.

Análogamente, este mundo material es preparatorio para un mundo espiritual, y  desarrollamos capacidades espirituales como el amor, la paciencia, la misericordia, la amistad… atributos que Dios nos da y podemos reflejar en este mundo y que es lo que nos llevamos al mundo espiritual. Al ser un nacimiento, es una celebración.

Ojalá la canción pueda recordarnos sobre nuestra naturaleza espiritual como humanos, que somos seres espirituales y materiales. La mayoría de la música nos recuerda más nuestro ser material, que es parte de nuestra realidad, pero no es todo lo que significa ser humano.

Los dejamos con “Vuelo al reino”

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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