Revista El Muro

Te presentamos “Y si mañana…”, el nuevo montaje del grupo TOT, una historia sobre la guerra que no pasa desapercibida.

Por: Mauricio Moreno

@mauromoreno83

La guerra es un tema que se ha abordado en la música, el teatro, el cine y la televisión incontables veces. Se convierte casi que un tema cliché, particularmente en un país como el nuestro que lucha por salir de un conflicto de décadas. Y son tanta las visiones que se han dado, que ya resulta poco sorprendente casi cualquier abordaje. Las víctima, el victimario, la pareja, los niños… prácticamente no hay punto de vista del que no se haya abordado la cuestión.

Sin embargo, el nuevo montaje del grupo TOT propone un abordaje paralelo, que si bien no resulta muy diferente, se siente novedoso. “Y si mañana…”, escrita y dirigida por Nicolás González Gutiérrez, muestra la guerra desde la perspectiva del campesino, el perro y el caballo (interpretados por Sebastián Toro), que intercambian  discursos filosófico-humorísticos con la historia de una familia de la élite en la que el esposo (Francisco Pachón) es un opositor; la esposa (Nicolás González), miembro de la clase gobernante; el cuñado, militar (Kevin Palacio); y la hija (Juliana Chunza Samudio)… bueno, es un personaje bien particular. Todos  deben afrontar un golpe de Estado desde su perspectiva que afronta el conflicto a su manera.

“Y si mañana…” parte de un juego espacial. El público se sienta alrededor de un pequeño rectángulo sobre el que se desarrolla la trama, un espacio íntimo en el que el juego con pocos elementos. La acción y los monólogos  se intercalan con música a capella y percusión para narrar una historia llena de humor negro, pero no de ese clichesudo que abunda hoy en día, sino que realmente hace al público pensar, reír y sentirse mal por burlarse de cosas importantes. El texto de González, aunque puede sentirse algo denso durante los monólogos del perro, el campesino y el caballo, acierta en su navegación entre lo profundo y lo jocoso con una sencillez narrativa bien particular acompañada de muy buenas actuaciones.

No se nombra a Colombia. Aunque sea una obra nacida e inspirada en nuestro conflicto y particularmente de las noticias de radio, televisión y diarios que él genera, es básicamente una historia que puede pasar en cualquier conflicto. Una trama compleja narrada de manera divertida y fresca con muy buenas interpretaciones y una gran dosis de habilidad física que no se compromete con naciones, colores, o banderas. Tal vez por eso, todos los personajes tienen máscaras y usan un vestuario sumamente sencillo: no hay compromisos, no hay rostros, a todos nos toca la guerra de una manera u otra, sin importar si le vamos al Barcelona o a Santa Fé.

Hay que destacar las interpretaciones. Aunque todos tienen su gran momento y hacen muy bien sus papeles, sentí muy fuerte la actuación de Chunza, que en un par de escenas logra crear una gran tensión entre inocencia y maldad junto a sus compañeros. Así mismo, el hecho de que González asuma un papel femenino termina haciendo incluso más burlesca la obra, una hilarante cercanía a lo grotesco que permea toda la situación. Una obra resaltable, muy violenta pero sin un arma, muy seria, peor para ver a carcajadas.

Pero no todo son risas y canto. Noté algunos problemas en lo acústico, en tanto las voces tienden a perderse un poco en la percusión durante los intervalos musicales. Así mismo, hay algunos problemas con las máscaras, particularmente las de Toro, que por su diseño ahogan el sonido de la voz, algo clave si se tiene en cuenta que es el encargado de los monólogos… es algo que resta fuerza a un muy buen trabajo actoral.

En resumen, como dice una de sus líneas, la obra no es perfecta, pero es lo que hay, es tierra virgen para sembrar emociones, sentimientos y pensamientos diferentes sobre la guerra, más allá de la indiferencia, el victimismo o la lástima, para verla de forma diferente, tal vez más ácida y madura, menos infantil y victimizadora. Es una obra que vale la pena ver para reirse del conflicto, de nuestra visión sobre él y sobre todo para repensar el abordaje que le damos al mismo.

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Mauricio Moreno

Periodista por vocación, artista por devoción, escritor por pulsión y humano por diversión. Durante unos años, tuvo el orgullo de compartir planeta con John Lennon, Freddie Mercury, Gustavo Cerati y David Bowie. Estudió filosofía, pero la abandonó en busca de aventuras con amantes más fogosas que la fría razón. Pasó muchos años como profesor, pero se aburrió de tanto ego y se embarcó en la aventura sin retorno de vivir siguiendo su ser. Ama el café, la música y los animales.
Es creador, director y activo escritor de la Revista El Muro. Actualmente, prepara diversos proyectos literarios, periodísticos y audiovisuales enfocados en el apoyo a las diferentes escenas artísticas del país y el continente.

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